Vientos polares cobijan la última etapa del invierno que ha prevalecido en este incipiente y novel año; un año nuevo prometedor que dejó atrás el que estuvo llenó de cambios, revoluciones, contradicciones y agridulces.
Tres diferentes oficinas tuve que recorrer para finalmente empezar a establecerme en una que, espero, me haga echar raíces. Sin embargo, el dos mil diez me transformó en un esquizofrénico emocional, una especie de "odiotodo" un dictador al que no se le debe contradecir; un ente caprichoso y vengativo.
Es extraño como a pesar de encontrar certezas uno puede sentirse tan contrariado, tan contradictorio; será que ¿entre más se tiene más se quiere? o quizá sea que no se sabe lo que se quiere.
Lo cierto es que este año tiene la promesa de ser diferente al anterior; quizá este año pueda perdonar lo que aun no he olvidado, quizá este año pueda abrirme y dejar que la gente piense tan distinto a mí que pueda encontrar coincidencias. Quizá este año deje de ser el ultra conservador en el que me convertí para protegerme.
Hoy soy peligroso para la sociedad, soy un ser humano que se alegra de las ridiculeces de los demás, que crucifica y se regodea en sus triunfos; no logro entender la estupidez, pero quizá soy yo el que vive en ella.
Sé que necesito continuar el proceso de cambio que inicié hace un año, sé que nunca seré la persona más agradable ni con más amigos del mundo, sé que siempre seré un poco difícil; pero bueno, siempre es bueno tener proyectos a largo plazo.
Por lo pronto sigo con mis demonios, con mis fantasmas, con mi ultraderecha, siendo un peligro latente para quien me dé la espalda; algo creativo saldrá de todo eso. Bienvenido dos mil once.
Tres diferentes oficinas tuve que recorrer para finalmente empezar a establecerme en una que, espero, me haga echar raíces. Sin embargo, el dos mil diez me transformó en un esquizofrénico emocional, una especie de "odiotodo" un dictador al que no se le debe contradecir; un ente caprichoso y vengativo.
Es extraño como a pesar de encontrar certezas uno puede sentirse tan contrariado, tan contradictorio; será que ¿entre más se tiene más se quiere? o quizá sea que no se sabe lo que se quiere.
Lo cierto es que este año tiene la promesa de ser diferente al anterior; quizá este año pueda perdonar lo que aun no he olvidado, quizá este año pueda abrirme y dejar que la gente piense tan distinto a mí que pueda encontrar coincidencias. Quizá este año deje de ser el ultra conservador en el que me convertí para protegerme.
Hoy soy peligroso para la sociedad, soy un ser humano que se alegra de las ridiculeces de los demás, que crucifica y se regodea en sus triunfos; no logro entender la estupidez, pero quizá soy yo el que vive en ella.
Sé que necesito continuar el proceso de cambio que inicié hace un año, sé que nunca seré la persona más agradable ni con más amigos del mundo, sé que siempre seré un poco difícil; pero bueno, siempre es bueno tener proyectos a largo plazo.
Por lo pronto sigo con mis demonios, con mis fantasmas, con mi ultraderecha, siendo un peligro latente para quien me dé la espalda; algo creativo saldrá de todo eso. Bienvenido dos mil once.