lunes, 29 de noviembre de 2010

Supermodelos

La ingenuidad suele ser nuestra peor enemiga en los tiempos de guerra. El gran deseo por ser aceptados devora cualquier amor por nosotros mismos, y aunque peco de sabelotodo, estoy seguro en tener la razón. La soledad y la falta de un guía logra convertirnos en un asustado ratón que busca la salida en un intrincado laberinto.

Los más afortunados nacemos rodeados de planes; los padres están determinados en crear una versión mejorada de ellos mismos, se convierten en nuestro ejemplo y así como "Dios nos hizo a su semejanza", nuestros creadores biológicos nos educan para cumplir sus sueños de una descendencia perfecta, hecho que por lo general termina con grandes desilusiones.

Heme ahí catorce años atrás, tratando de explicarle a mi padre por qué no me gustaba jugar fútbol: delgado, castaño, frágil e ingenuo; naturalmente lo único que se me ocurrió fue decirle la verdad: "no me gusta porque me da asco sudar", y con sólo mencionarlo fue él quien sin moverse empezó a transpirar. ¿Qué pasará en la mente de los padres cuando sus "mini yo" no son lo que ellos pensaban?

En la invención de nuestra personalidad vamos por la vida obteniendo un poco de todo lo que nos parece correcto seguir, nos seducen los fragmentos más atractivos de los que nos rodean, buscamos a alguien que pueda parecerse a nosotros y crear complicidades, amistades y admiraciones. Hace años yo fijé mis ojos en la única referencia gay que no era una peluquera o corista de alguna estrella mediocre como Yuri, estoy hablando de mi tío Julio.

En mi laberinto supuse que sería sencillo identificarme con él; Julio es el malcriado medio hermano de mi padre; fue un niño solitario y caprichoso, estudió en París la mayor parte de su vida y al regresar se había convertido en un atormentado post-adolescente que jugaba a afrancesar todo lo que se le ponía enfrente; sus preferencias sexuales fueron evidenciadas frente a toda la familia en un hecho vergonzoso y que conmocionó a quién estuvo presente; a partir de ese día, recuerdo que no me gustaba tenerlo cerca, probablemente el rechazo radicaba en el miedo de ser desenmascarado de la misma manera en la que tiempo atrás él lo había sido y así pasar a ser un leproso social. Y con los años cumplió con el cliché de los gays nacidos a principio de los 70s y se convirtió en un adicto al que todos le mostraban una sonrisa vacía y palabras llenas de condescendencia.

Julio fue descartado como modelo a seguir, me aterraba siquiera la idea de seguir sus pasos; así que traté de mirar otros pastos mucho más verdes. Mis primos, mis hermanos y todos los que me rodeaban parecían ser perfectos para el trabajo, sin embargo, y con el paso del tiempo me di cuenta que ellos siempre han tenido un destino diferente al mío. Mi vida versaría en caminar yo solo un trecho difícil y lleno de claroscuros.

Como lo he contado, entrar al mundo gay "clase A" de la ciudad fue relativamente sencillo, y con ello tuve acceso a las historias de los que consideraba "mis iguales"; por un tiempo llegué a admirar a algunos y entonces pensé que ese era mi lugar, que debía ocupar un sitio dentro de la intrincada sociedad secreta, donde los apellidos tenían que ser respetados con el más leal de los silencios; pero no hay nada como descubrir que tus nuevos modelos son como plástico con el que hacen carteras de imitación.

Una nueva generación está despertando y aspira a vivir con mayor libertad su sexualidad, sea cual sea; muchos cometemos grandes errores, pero tenemos tiempo para enmendarlos pero, ¿qué se hace cuando eres un newlygay de cuarenta que busca desesperadamente una guía?

Puedo recordar a alguien en específico a quien llamaré "AL K" que por un tiempo me hizo pensar en él como un genuino hombre respetable. Cuando lo conocí hace varios años atrás en Altavista 147, me pareció un flamante hombre maduro que era feliz, sin embargo, el tiempo demostró que nada de lo que él poseía en materia o experiencia en realidad me interesaba. Es un abogado de cuarenta y tres años, divorciado, con un hijo, guapo y puede ser simpático, adora Carolina Herrera y no sería una sorpresa encontrarlo en esa exclusiva plaza del brazo de su madre; AL K de la noche a la mañana se erguía como todo un semental, su vida sexual era variada y contenía nombres interesantes en su "playlist"; su boca se llenaba al presumir con cuántos y cómo se había acostado la semana transcurrida.

Existió el día en que lo consideré mi amigo, me marcaba en las madrugadas para contarme sus males de amor, sus nuevas conquistas; me preguntaba mi opinión sobre ropa o lo que debía hacer con situaciones en específico por las que pasaba, me daba ternura que un hombre de su edad y con sus compromisos se sintiera tan a gusto en fiestas con veinteañeros debutantes y que pudiera divertirse aun cuando no tenía nada en común con esos niños, me intrigaba cómo es que me escuchara para poder aclarar su mente.

Le tomé un cariño que no le tuve a mi tío, porque en su fachada Al K era muy diferente a Julio; le brindé mi amistad y mi confianza; la ingenuidad nos dice mentiras al oído, nos coloca en verdades alternas pero que más tarde siempre resultan muy claras; Al K estaba cerca de mí, decía que me quería y que no tenía un amigo que lo escuchara como yo; y un día de enero supe que él enviaba mensajes sexuales sms a mi ex novio a un mes de haber cortado. Ese era en realidad el hombre con el que había estrechado lazos, ese que tenía una ex esposa acosándolo y un hijo al que cada vez visitaba con menos frecuencia; era él sin máscaras, demostrando su verdadero núcleo. Hace tiempo que no lo veo, pero puedo suponer que sigue frecuentando los mismos antros, hablando con la misma gente y debe estar acostándose con los nuevos ingresos, seguramente reafirma su status de Macho Alfa con sus conocidos para que todos los días se diga a si mismo lo masculino que es a pesar de sus preferencias sexuales; a pesar de haber sido desenmascarado por su esposa a través de su cuenta en Facebook. Hoy, cuando pienso en él, me da tristeza y quizá peco de "sabelotodo" pero estoy seguro que terminará tan solo como alguna vez me contó que se sentía.

Mi tío Julio se rehabilitó finalmente a sus casi 40, hoy es vegetariano y Budhista, se va cada mes de retiro a Tepoztlán con sus nuevos amigos; cree en el amor verdadero; suele hacerme plática en messenger y aunque no es mi persona favorita todavía siento más tolerancia hacia él. Dice que quiere hacerse guía de turistas o algo así.

La ventaja de estar en el laberinto de la vida es que con el tiempo logras aprenderte el camino, logras encontrar atajos y un día encuentras la salida. Las proyecciones que hacemos en los demás simplemente sirven para crear esperanzas superficiales, soluciones momentáneas, pues no importa que tan buenas sean las intenciones cuando alguien más es quien tiene que tomar su propio camino. Sé que mis padres hubieran estado más tranquilos de haber sido heterosexual, de haber sido el ejemplo perfecto para mis sobrinos, pero el caso es que no es así.

Hoy ya no soy aquel asustado que trataba de buscar por todos lados para encontrar una mirada con quién identificarse, dejé de buscar en las personas equivocadas algo de complicidad, el laberinto me reunió con unos pocos a los que admiro, mis amados, mis queridos mejores amigos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Rituale Romanum: homo homini lupus

Hubo un día que lo tuve todo...

Un día tuve el amor de alguien a quien adoraba, un extenso grupo de conocidos a quienes creía mis amigos, una reputación envidiable y la fantasía con la que había soñado toda la vida.… las cosas cambian: los absolutos se vuelven relativos, y el cielo se puede trasformar en un infierno.

Apuesto a que todos tenemos algo que nos hace sacar lo peor de nosotros; situaciones en que perdemos todo nuestro altruismo olvidando cualquier tipo de bondad por satisfacer nuestras más oscuras pulsiones. En lo personal, cuando pienso en ese "algo", me viene a la mente una sola cosa; muy concretamente puedo pensar: en un lugar en el que las fantasías pueden cobrar vida, pero que el precio a pagar es demasiado alto.

-2008 fue un punto de inflexión en mi vida; era el año que marcó claramente un antes y un después. Acababa de aceptar mi nueva identidad (era un newlygay), empezaba a conocer a quien se convirtió en mi primera relación estable, y quería descubrir un mundo gay que me parecía amplio y extenso. Por primera vez me sentía cómodo con lo que era.

Me daba prisa para descubrir todo el mundo que sabía me esperaba; podría palpar las posibilidades. Pero más allá de eso, recuerdo una cosa por encima de todo: fue el año en que pisé por primera vez ENVY. -

Mi barba jamás había estado tan larga y no sabía con quién juntarme, iba a la universidad y me entusiasmaba tener amigos que supieran qué es lo que se siente. Originalmente Envy lo llamaron Private; en su momento, nadie esperaba nada especial del lugar. La mayoría pensó que sería un antro más del interminable ciclo de aperturas y cierres, que siguió al cierre de Living.

Recordemos que en la época pre-ponienteña, el Gueto Gay de la Zona Rosa era la fuente más grande de opciones. Quienes lo vivieron, recuerdan con una mezcla asco y cariño, la época en que convivía con peluqueras de Polanco, vestidas de Tlalpan, descamisadas de la electrónica, y, de manera más importante: a veces con los escasos “niños bien” del poniente o sur de la ciudad. En esa época, se vivía un auténtico auge del gueto mundo gay, que permanecía oscuro y escondido ante quienes no lo conocían. En esa época, la auto denominada “gente bien" gay, tenía una doble vida: entre semana comían con sus amigos de la escuela en Santa Fe, y los fines de semana cubeaban en Amberes, con totales desconocidos.

Pero volviendo al tema: Private en la Juarez, si bien estaba alejado del centro tradicional de la Zona Rosa, nadie nunca pensó las consecuencias que ese experimento traería. Y el día que llegué (completamente solo), tuve que esperar a que entraran los A-listers; sólo después de esperar un rato entré a esa extraña casona cerca de la Secretaría de Gobernación en la Ciudad de México.

Recuerdo la ropa que llevaba puesta, el temor de sentirme fuera de lugar, mirar que todo el mundo se conocía y se trataba como amigos de toda la vida; y aunque en ese momento me pareció ridículo el extraño ritual, jamás hubiera imaginado lo que me esperaba.

En ese momento desconocía los nombres y las reputaciones. Ignoraba los códigos de conducta y la hipocresía imperante en el ambiente elite gay mexicano. En retrospectiva, me sorprende cómo entré a voluntad y con fe ante lo que ahora veo como un nido de víboras; en ese momento,, mi inocencia era palpable. Esa noche no pasó a más; viví un fracaso total, y perdí lo que en es momento esperaba fuera un hecho fundacional. Sólo recuerdo que semanas después el mismo creador de Private inauguró Envy en Santa Fe.

El nuevo antro estaría en Santa Fe, era escandaloso: ¿un antro gay en el poniente? quebrantando el orden y las morales de la obtusa sociedad mexicana, la curiosidad y la atracción eran irresistibles.

El creador del antro no es nadie más que un ex egresado de una de las escuelas católicas más tradicionales castrantes de esta ciudad. No posee gran inteligencia, y como miles de inútiles en México, se graduó de la universidad que S.S. Padre Maciel habría inaugurado para satisfacer la demanda de “tontos niños bien”. No es muy guapo, ni muy inteligente; no es ni siquiera simpático. A decir verdad, es bastante pesado, primario y tedioso; su sentido de la sofisticación e innovación se reduce a introducir al pobre mercado mexicano lo que logra copiar de sus múltiples viajes que hace como turista a Nueva York. En verdad: ningún genio; aún así, este personaje inadvertidamente cambió el paradigma de lo que entendemos actualmente por el mundo gay.

Naturalmente, Envy fue un éxito inmediato. Como era obvio, la “democrática” mezcla de la Zona Rosa generaba la demanda para un tipo de antros distintos: antros de “gente bien”...que tuvieron la "fatal desgracia" de ser gay.

Hipócritamente, la gente ansiaba un lugar donde no los discriminaran por tomar la mano a su novio, pero sí cuando eres moreno, chaparro o más importantemente para el creador: pobres.

Instauraron una cadena (desconocido en el mundo gay), y pusieron a un cadenero que sólo dejaría entrar a la gente hermosa y adinerada. Era un paraíso…o eso creíamos en ese momento.

Soñé con ser un A-lister de Envy; después de un tiempo (y mucho dinero), lo logré tan rápido que yo mismo me sorprendo de ello, aunque en realidad destacar en un mundo tan limítrofe no es ni será la mayor de mis hazañas. Hubo un día en que tuve toda la parafernalia de la élite de Envy: la frívola y superficial manera de ver la vida: tenía un novio guapo que obligaba a que me acompañara, un extenso grupo de "amigos"; conseguíamos las mejores mesas, incluso no pagábamos por entrar como lo hacía la mayoría y mi nombre siempre en estaba en la lista.

Un viernes cualquiera la primer hora, dentro del lugar en cuestión, era inexcusablemente dedicada a saludar a todos mis conocidos; las mismas personas siempre eran mis vecinas de mesa; conocía a todos de los que me rodeaban; conocía sus escándalos, sus acostones y hasta el tamaño de sus penes, no hay nada que se ignore en Envy.

Besaba en el "cachetito" a los que me caían gordos, pero con los que no podía enemistarme, y despreciaba a los miembros de nuevo ingreso. Envy parecía una realidad paralela, un mundo que habíamos soñado después del arrabal de la
Zona Rosa. Y lo peor de todo: mi nueva vida me hacía sentir bien.

Tenía entre 23 y 24 años, y disfrutaba una segunda ronda en la secundaria; sólo con una diferencia: ahora yo estaba en la cima de la pirámide. Cumplí el capricho de todos nosotros; tuve lo que a la mayoría nos negaron en la escuela, por el simple hecho de ser diferentes. En verdad, vivíamos en "Planeta Paulina".

Todas las semanas sin falta yo estaba ahí:, emborrachándome, escuchando a la misma gente estúpida, mientras que fingía que me parecía simpática, bailar una y otra vez de la misma manera que una semana atrás, las mismas canciones que una semana antes. Cada viernes veía en loop a los señores forever que merodeaban en busca de carne fresca.

Cada viernes entraba en una eterna espiral que no puedo más que comparar con el tormento de Sísifo. Envy se convirtió en un elemento en mi vida, una vida que no me daba cuenta, pero cada vez me iba vaciando por completo. Con el tiempo abrí los ojos. El mismo proceso de ascenso, me mostró lo ridículo de un ritual que sólo sostiene a la horrible dinámica de quienes buscan validarse. Un lugar que sólo concentra hombres pequeños, que buscan ser grandes a costa de los demás.

Caí en cuenta de lo ridículo y absurdo del ritual. La exclusividad era una faramalla, las amistades una fantasía. Un sateluco podía cumplir su sueño de codearse con los nietos de infames ex presidentes; un lindavisteño podía acostarse con un bosqueslomeño…todo, siempre y cuando pudiera pagarlo.

No importa lo horrendo que fueras, o lo fatigable de tu conversación, si llegabas en el helicóptero del Estado de Puebla, podías imponer tu status. A pesar de todo lo que representó Envy en un inicio, caímos en cuenta de que no importa qué hicieras, o cómo fueras: un par de Louis Vuitton en los pies, te lo perdona todo. Cuarentones con hijos, que juegan a ser casanovas, extras de Televisa que siempre toman gratis de nuestras tarjetas, amigos que se bajan novios: escoria, tallándose con basura. Cada viernes se viven duelos a muerte, compitiendo por quién es más, de lo que nunca serán en la vida real.

Lo sorprendente, es que aunque hoy me parece una de las mayores ridiculeces de mi vida, hay hombres de 40 y tantos, que llevan 15 años divirtiéndose de la misma manera en que yo lo hacía a mis veintitantos.

Envy crea una falsa realidad que sumerge a la gente; he visto decenas de niños que como yo que caen en la confusión y sienten que son alguien por estar ahí, sin embargo, nada que se encuentra ahí vale la pena. Búsquedas de identidades, que sólo terminan en situaciones vacías. Una completa pantomima.

Envy crea mitos; personas que no existen. Hombres que se antojan y personas que cuando uno se topa con ellas por primera vez las mira grandes e inalcanzables, pero que después de un tiempo son solamente una tonta fachada.

Sus galas de aniversario son el perfecto ejemplo del séptico ritual que perpetúan; una farsa que ellos mismos alienan para asegurar un negocio con fecha de caducidad próxima.

No todo fue malo, Envy es mi mejor ancla: es la manera en la que recuerdo quién soy, y cuánto perdí por un estúpido capricho. Ese lugar que sacó lo peor de mí, pero también lo mejor.

Hace meses que no piso ese lugar (casi un año), me alejé del 95% de las personas que conocí ahí, conservé a mis mejores amigos, los que lo demostraron. Me quedé con tan pocos, que puedo invitarlos a comer y no desfalcarme. No tengo novio desde hace casi el mismo tiempo, y la mayoría de los que me conocían en esa época, hoy no me soportan. Por lo pronto, Envy continúa siendo rentable, pero pronostico una caída inminente; y su recuerdo perdurará, tan pronto exista un sucesor. Ese mundo gay al que tanto anhelaba conocer resultó ser endeble y mediocre, la comunidad gay no tiene la unión que presume tener. Y será esta la última vez que hable de Envy o su concurrencia.

Hubo un día que creía tenerlo todo.…

lunes, 1 de noviembre de 2010

Día de Muertos.

Últimamente mi vida se ha adaptado con una relativa sencillez a la rutina diaria de despertar temprano, cuando el sol apenas sale y el mundo empieza a operar; con el amado estrés de la ciudad puedo encontrar un espacio completo de relajación en el trayecto comprendido entre mi casa y la oficina.

Un día hace un par de semanas, en el mencionado espacio que sólo concierne a mi persona y a mi ipod, entre el nuevo single de Maximum Balloon y el Ángeles del Pedregal mi Blackberry sonó, me avisaba la llegada de un correo de uno de mis mejores amigos, al que hace unos meses nombraba en mi blog como Alberto.

Él suele hacer eso, enviar información, de todo tipo: política, religiosa o simplemente para hacernos reír; en ese mail venía incrustado el enlace para poder tener acceso a la columna de un ex compañero de escuela suyo llamado Genaro Lozano.

Articulista del periódico El Universal, estudió en el ITAM, y el 11 de septiembre de este año publicaron la columna que titula "Caireles de niña" en la que habla sobre el "bullyng" o abuso en las escuelas. Nunca había leído la columna de Lozano, ni sabía de su existencia, el tema no era nuevo para mí, días atrás lo había platicado en una cena con mi grupo de amigos, en fin, el abuso en las escuelas era un tema que tenía fresco en la mente y sobretodo en las entrañas de mi superficial y castaña cabeza.

Lozano logró que me trasladara a un momento y una época que yo hacía mucho tiempo había enterrado, una época que marcó mi vida. Nunca fui popular, ni tuve muchos amigos, huí de una escuela de puros hombres y nunca estuve presente en los eventos sociales de donde me gradué. Hace muchos años yo fui uno de esos a los que los niños molestaba por ser "rarito" y "anormal" porque "no me adaptaba" según mis profesores, "porque no lograba ser como los demás"; me ponían apodos, me hacían sudar de miedo, lograban que ir al baño fuera un momento de estrés tan grande que mi cuerpo se acostumbró a no hacerlo durante las horas de escuela. Participar en clase era un martirio que prefería evitar; incluso mis habilidades deportivas prefería mantenerlas ocultas y parecer torpe a ser el hazme reír.

-Maricón, muerde almohadas, mana, reina, preciosa, mayate, nena, jotito, puto, loca, marica-

La escuela fue siempre un sitio al que despreciaba; mis compañeros eran crueles, pero era peor la indiferencia de los adultos, era criminal la manera en la que cerraban los ojos ante lo evidente; escondía la verdad en mi casa pues siempre me avergonzó que mis papás se enteraran de que hasta el zángano más limitado podía hacerme pomada con sólo quererlo.

Pero un día simplemente se me fui de ahí y sin mayor trámite lo enterré; no soy amigo de ninguno de ellos, no los tengo en Facebook y me duele el estómago cada vez que los recuerdo, no voy a las comidas de reunión ni les deseo el bien, ni el mal, vaya. Genaro Lozano habló de un tema que me marcó en la infancia, y que al parecer nadie considera trascendental, pero siendo el adulto que soy no puedo estar más en contra. Nadie es perfecto, nadie lo fue ni lo será. Los que me molestaban no eran lindos ni muy brillantes, varios venían de hogares rotos y no tenían nada por qué sentirse orgullosos; hoy esos mismos son adultos que se fotografían ahogados en alcohol, y se han puesto más feos y gordos, están metidos en broncas que yo nunca tendré y siguen siendo la basura que siempre fueron.

Cuando era niño y pensaba en la soledad de mi recamara, cerraba los ojos y recuerdo que con una fe ciega pedía ser como los demás, como ellos, los que me molestaban; lo pedía con tanto fervor... pero afortunadamente eso nunca pasó.

La vida que a cada uno le toca es sin duda un desafío, ser gay es simplemente una característica más dentro del gran número que me definen. Y aunque todo eso me hizo más fuerte y con el tiempo pude reinventarme, ese pasado sigue muy dentro. Y me declaro culpable de ser prejuicioso y malvado a la hora de calificar a alguien que no me gusta; quizá es un primitivo sistema de auto defensa, supongo que tengo que recordar esos días en los que prefería quedarme en el salón durante los recreos.

Y como yo, existen miles de niños que hoy siguen siendo abusados, que se preguntan qué hay malo dentro de ellos, que no saben por qué la gente les tiene tanto rechazo; ojalá un día ellos también logren enterrar esos tiempos y ayuden a que en el futuro la ignorancia y crueldad sean motivo de castigo y desprestigio social.

Genaro Lozano escribió algo que espero se convierta en una voz tan fuerte que todo el mundo pueda oírla.

Si quieren saber más del columnista síganlo a través de Twitter @genarolozano.

lunes, 25 de octubre de 2010

Gran Turismo

Mi mamá dice que cuando viajas lejos del hogar el mundo te parece más chico y entonces los horizontes en la vida se abren; y no hay una verdad más certera que esa.

Estos días, aunque no muy lejos, dejé la ciudad para volar junto con mis papás a la playa y dejar que todo lo que traía sobre mis hombros hiciera una pausa y pudiera simplemente tirarme a ver un mar de tres colores distintos que en cuestión de horas se perdía con el cielo, bajo enormes nubes blancas y una brisa completamente renovadora. Con un horizonte tan gigante que no tiene paralelo con la palabra “extenso”.

Lo “extenso” tiene una gran carga de contenido inhóspito, y la vida es metafóricamente esa amplitud a la que me refiero; no existen fronteras ni fondos de mar cuando se trata de nuestras posibilidades, somos cada uno de nosotros los que nos negamos las visas para librarnos de aquello que nos mantiene en el mismo lugar. Viajé a 75 km/h en una moto acuática a través de un mar calmo, en el que podía gritar de emoción sin vergüenza a que alguien me escuchara, no me reconocí, fui un turista de mi mismo.

Cuando era niño mis papás y mis hermanos decían que Yo no podía disfrutar un viaje, que siempre había algo que me impedía ser feliz lejos del hogar: que si me sentía enojado con mi hermano, que si mis hermanas me molestaban, que estaba enojado con mi papá, que tenía roto el corazón, que si salía del closet, que si tenía dudas de mi vida entera, cualquier cosa me hacía divagar en momentos en los que simplemente tenía que abrir los ojos hasta el límite. Esta vez pude simplemente respirar a través de un tubo mientras miraba cardúmenes coexistir ignorando el mundo entero en el que se encuentran inmersos; me costó trabajo concentrarme para simplemente vivir ese brevísimo instante tan único. No fue la primera vez que los vi pero sin duda fue la primera vez que lo disfruté.

Suelo perder el tiempo en pequeñeces cuando hay tanta magnitud, fuera de parafrasear algo que saldría en cualquier libro de autoayuda, vivir el momento es mucho más que la simple frase. Este momento de mi vida es como estar parado en esa misma orilla en la que estuve hace unos días frente al océano; sin duda viajar te abre los horizontes, conoces lugares que nunca antes imaginaste, te hace abrir los ojos y asombrarte de lo desconocido y aunque mi mamá se refería a viajar a través del mundo, no es equivocado referirse a uno mismo como "ese" sitio por descubrir.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Hoy


El futuro suele aterrarme, pero hoy, el pasado me parece tan distante que prefiero ver sólo para enfrente; a pesar de todo.

martes, 12 de octubre de 2010

Block/Delete

Nací un 21 de mayo, fui un niño completamente querido y sobre protegido, mis papás siempre me consintieron a tal grado que sólo era feliz en mi casa donde mis caprichos se cumplían al pie de la letra; mis hermanos lo eran por su parte y mi casa era un palacio de hedonismo en el que todos hacíamos lo que se sentía bien. El tiempo pasó y entrar al colegio me enfrentó con la realidad: supe de manera inmediata que ese lugar era la antítesis de mi hogar.


Me convertí desde muy pequeño en la pesadilla de mis maestros, fui un muy mal estudiante y lo único que me mantenía dentro del agrado de los demás fue que siempre me ha gustado caer bien. Con el tiempo fui retrayéndome, prefería estar en mi casa jugando por horas en la soledad de mi recámara, sin que nadie me molestara o criticara como lo hacían en la escuela. Fue una época que aún hoy me hace sentir inseguro. No tenía amigos, ni los quería, y aprendí a sentirme bien haciendo mis cosas por separado, sin mezclar; y aunque eso me dolía por dentro nunca le dije nada a nadie, ni a mis papás ni a mis hermanos ni a nadie; prefería quedarme con eso, suprimirlo y bloquearlo.


Seguí haciéndolo conforme pasó el tiempo y mi costumbre se hizo una regla; prefería desechar cualquier momento o persona que me hiciera sentir triste o mal, para vivir tranquilamente.


Facebook es la utopía del mundo, no solamente puedes ser quien quieres ser sino también mostrar lo que prefieres resaltar; ahí puedes tener más amigos de los que en realidad quieres, puedes ser un gran socialité, puedes tener una gran memoria y felicitar a todos tus conocidos en su cumpleaños, puedes ser más guapo con solo escoger las mejores fotos. Pero lo más grandioso que he encontrado en la red social más popular del mundo es que te da la oportunidad de eliminar a todas y cada una de las personas que te desagradan, que te hagan sentir triste, que te hagan pasar un mal rato con un simple click. Hace unos días pensé en las bondades que traería que ese botón en la vida real.


Hace unas semanas mi hermana organizó su fiesta 21 de cumpleaños y obligó a todos los invitados a usar pelucas, ella se decidió por una "Lolita fantasía azul", mientras que yo usé una gran peluca blanca muy popular en las cortes del siglo XVII, asistieron sus amigos, mis primos y a mi mejor amiga, Lorena.


En medio de la fiesta, y "empelucados" Lorena recordó a su némesis actual: la ex de su novio. Es su obsesión, pensar en ella la hace perder cualquier noción de la realidad; decide, en ese momento, convertirse en su verdugo y admirar a una niña que no le llega ni a los talones; después de unos cinco minutos de oír el mismo relato sobre por qué es tan maravillosa esa tipa, le pregunté cómo era que sabía tantas cosas sobre ella y me contestó: "la tengo en Facebook". No pude entender de qué estaba hecho su estomago para poder soportarlo; ¿le gusta torturarse? ¿qué tipo de sentimientos le despierta eso? me preguntaba a la mañana siguiente mientras yo veía mi propia cuenta.


Yo, en cambio, hace mucho tiempo que bloquee a los que hoy considero "los agentes nostálgicos" y "los agentes just trágicos"; ese mundo que me hacía de chiquito en el que ignoraba a todo mi salón de clase y donde todo era perfecto lo sigo teniendo, ahora, en mis relaciones como adulto. ¿Es algo que me hace bien? o que simplemente me aísla como cuando tenía 10 años...


Quizá en la vida no podamos bloquear o borrar gente que no nos hace felices, pero la verdad es que ahí seguirán y un día te toparás con ellas y verás que su vida continúa, justo como la tuya; y es entonces que aunque probablemente sea pura neurosis la de mi amiga Lorena, es mucho más valiente enfrentar a quien nos da miedo ver frente a frente, a quienes les huimos por culpa de los recuerdos. Mi actual dilema es si en realidad estoy listo para poder dejar que el pasado sea en su totalidad un perfil más dentro de mi Facebook al que no le temo o evito o bloqueo.


Aun no tengo la respuesta.


jueves, 7 de octubre de 2010

Las socialité

Lo pondré de esta manera: al llegar los "Viernes de RSVP del Excelsior y EL CLUB de Reforma", Victoria, la secretaria de mi jefe, por petición ex profeso, pone en display esos dos suplementos en la mesa de juntas. A las 2 de la tarde una decena de asesores, incluyéndome, estamos citados para oír los caprichosos gemidos de "lo urgente" toda la semana, pero ese día en particular, los que entran en la oficina se abalanzan por las revistas de la "gente bien" no importa qué se esté discutiendo ese día en ese lugar, no importa lo apremiante, pues "lo urgente" es realidad lo que Viviana Corcuera hizo durante la semana.


En Europa, muy lejos de nosotros existe la misma debilidad por leer artículos estúpidos sobre gente bonita que lo pasa mal; en España, por ejemplo, cualquier hijo de vecino se sabe los más íntimos secretos de sus majestades, de su sangre azul y de cómo sus hormonas los han llevado a terrenos menos divinos. Inglaterra, con una de las casas reales más escandalosas, hace vender cientos de millones de libras esterlinas en pasquines donde príncipes Windsor fuman marihuana y se tiran a cuanta rubia se encuentren. Incluso Estados Unidos, pese a carecer de una monarquía veneran a sus propios reyes y reinas de Hollywood.


Y en México donde vivimos la vie en Rose, no tenemos ni realeza, ni magnates al por mayor, ni artistas internacionales que digan cosas interesantes o por lo menos escándalos de los cuales llenarnos las mejillas de vergüenza ajena, consumimos estos suplementos donde nos ponen a "la gente bonita". No hay sangre azul, pero sí políticos y ex políticos que se hicieron millonarios a expensas de la Nación; que se hicieron de su abolengo con billetes. Viven la vida en rosa y dentro de esas revistas nos enseñan sus fiestas, sus gigantescas bodas, sus casas en la playa; nos convidan del nacimiento de sus horrendos hijos, de los cumpleaños de sus tíos incómodos. Y pese a la dureza de mis críticas, debo decir que hace mucho solía verlas y hojear una a una las secciones del instrumento en cuestión; sin embargo, me di cuenta que me aburría, y sobretodo dejé de abrirlas cuando empecé a encontrarme impresas las fotografías de muchos del mundo gay con el que llegué a convivir. A algunos los tuve cerca, sé cómo viven y también sé que muchos quieren ser las "Vivianas" del mundo gay, del Envy, del DF, y asisten orgullosos a cuando evento se les presente, orgullosos de juntarse con una falsa realeza del tercer mundo.


Vuelcan su vida para salir en esas revistas; me da ternura al pensar en lo grande que se sentirían al ver a toda mi oficina cuando leen EL CLUB, o cualquier otro parecido. Convierten su foto de perfil de Facebook en una donde aparecen en smoking, desde una fiesta a la que lograron colarse y en donde la QUIÉN hizo la reseña. "Las socialité" me alejaron de leer las revistas y suplementos que llenan los viernes mi oficina. Hubo un día en el que conocí a muchos de los que salen ahí y la verdad es que no valen tanto la pena.


El papel es un instrumento para comunicar, para destruir, enaltecer, embellecer. Nos conmueve, nos hace rabiar, nos hace soñar, nos hace llorar; el papel es lo que nosotros queremos que sea. Eso sucede también con las personas, esas que nos hacen reír y que nos hacen enamorarnos y soñar, son las mismas que después nos hacen llorar y enojar y rabiar y que nos dejan en la cama sin ganas de despertar.


"Nadie puede hacerte sentir nada que tú no quieras; nadie te va a hacer nada si tú no lo permites"... le aconsejé un día a mi hermana, y al decírselo, me di cuenta que debería de aprender más de lo que yo mismo digo.


Quizá mañana me siente a hojear como antes el RSVP.

Yo, el ocho punto cinco.

¿Me veo bien? ¿Soy guapo? ¿Estoy cachetón? ¿Me hace falta hacer pesas? ¿Necesito tener un trabajo que me pague más?. ¿Debo demostrar que tengo algo de intelectual? ¿Soy feo? ¿Soy demasiado delgado? ¿Debí crecer 5 centímetros más? ¿Tengo demasiados barros? ¿Soy inteligente o solo me creo inteligente? ¿Soy inseguro? ¿Me sobreestimo? ¿Soy demasiado joven? ¿Soy demasiado viejo?


Ahogado con millones de preguntas como esas mi mente me hace pensar, me apuñala en las mañanas y me dispara por las noches cuando mi estado de ánimo no es el mejor, cuando me entero de las andadas del pasado, cuando me fijo en los demás, cuando ando vulnerable, cuando no sé bien quién soy. Supongo que hasta la persona más hermosa físicamente ha tenido esos días en los que se siente más feo que una bolsa llena de viseras de pollo; pero para los que no lo somos esos días a veces son un eterno mal sueño.


Uno de esos días pensé en ese juego en el que le otorgas una calificación del uno al diez a la gente dependiendo de cómo se ve. Tras la dureza de mis juicios llegué hasta a mi; y en realidad no sabía qué número me correspondía, ¿en base a qué? ¿dicho por quién? pues, yo sé perfectamente lo que veo en el espejo cada mañana y cada vez que mi narcisista y neurasténica personalidad encuentra una superficie reflejante, pero ¿es eso lo que ven los demás?


Hace mucho, en aquellos tiempos prehistóricos de mi adolescencia, llegué a ponerme un cinco, un reprobatorio y rojo cinco, tan poco aceptado entre los nerds, y supongo que simplemente reflejaba mi personalidad en ese entonces; veía a los afortunados a los que la pubertad no los había tocado, los miraba con envidia porque ellos no tenían que luchar todos los días con una cara atiborrada de acné y unos brazos poco fuertes; pensaba que mi nariz le estorbaba al que se sentaba adelante de mi. Evitaba los espejos, rompía mis fotografías, y me refugiaba en mi casa, lejos de una interacción social normal; fue una época realmente fea, literal y anacrónicamente hablando. Añoraba esos tiempos en los que las hormonas no habían llamado a la puerta y en los que mi tierna inocencia derretía a cualquiera.


Sin embargo, hoy miro las fotografías de ese entonces y en realidad mis compañeros a los que imaginaba hermosos eran unos bodoques que no tenían ni pies ni cabeza, que se peinaban horrible y que seguramente olían a uniforme de colegio y sudor senza peccato. Y eso mismo me pasó hace un par de días...


¿Le gusto a quien me gusta? ¿Soy lo que buscará? ¿En qué se fijará cuando me ve? ¿El que me dejó de querer fue porque me puse gordo? En esta foto de Acapulco me veo súper chupado ¿adelgacé demasiado? ¿Soy más guapo que XXXX? Aun cuando mi contacto con el mundo gay ha sido suprimido hasta empezar a ser un outsider, sigo enterándome de la gente a la que conocía, me siguen llegando chismes, me siguen llegando fotografías por Facebook (mismo que he pensado cancelar) y la comparación injusta que hace años aplicaba a los pubertos con los que compartía salón la hago con otros tantos homosexuales a los que llegué a compartir mi espacio. Y quizá muchos sean nueves, o dieces; quizá muchos parezcan modelos, quizá sean abismalmente más atractivos que yo, pero al igual que antes, la mayoría no tiene ni pies ni cabeza.


Si bien la belleza exterior no es precisamente por lo que la gente me recuerda, sí lo es por otras cosas que los de las fotografías no tienen. He sido muy injusto conmigo mismo, y aunque es doloroso sentirse feo o poco atractivo o divagar sobre si mi superficialidad es igual a la de los demás, siempre existen los momentos en los que podemos vernos tal y como somos, sin más ni menos.


Todo el tiempo calificamos a propios y extraños; somos los más feroces jueces cuando se trata de la efímera belleza, y poco hacemos para acordarnos de mirar lo que en realidad necesitamos; mirarme en el espejo y pensar que mi existencia es voluble o debatible según la condición de mi cutis, o lo que soñé el día anterior, o porque no le gusté a "fulanito" han terminado por cansarme.


Ser un 8.5 o un 7 o un 9 nunca es definitivo en la manera en la que otros te ven, pues no importa cuántas veces te digas que eres un 4 si existe alguien que te considere un Diez.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Tarot

Desperté a la mitad de la madrugada, lo hice sin ninguna complicación; de un golpe dejé de soñar, de dormir, para abrir los ojos con la misma facilidad con la que parpadeo durante el día. Sentí una soledad muy peculiar, una que suele recurrir a mí en los últimos meses, una que calmo pensando en el futuro.


El futuro es ese tiempo que se vislumbra lejano e inalcanzable; en el que puedo construir millones de castillos y realidades alternas, uno que alimento con mi auto complacencia; la realidad es que hay a veces que cuando me acerco a él lo pospongo, le escribo una nueva fecha de "lanzamiento" y dejo que siga siendo así de inalcanzable tal y como lo era cuando lo pensé por primera vez. Aun recuerdo futuros pasados, esos en los que me imaginé pero que no espera tan pronto.


Hace unos días mi mamá volvió a hablarme de sus preocupaciones por el futuro, por mi futuro. Percibo su gran temor a que Yo me quede solo; que viva con gatos o con perros, quién sabe cuántas cosas imaginará la mente de mi madre; y entre sus evidentes angustias me contó sobre "el tío Ricardo".


Ricardo es uno de los mejores amigos de mi papá; crecieron juntos, acampaban desde niños, eran vecinos y prácticamente formaron un pasado unido. A los 20 cada quien tomó su propio camino; mi papá conoció a mi mamá y el resto es historia, se decidió por una vida tranquila y convencional. Ricardo por su parte dejó todo y se fue a Inglaterra, aun cuando su familia no lo aprobaba se casó con una alemana y vivió junto con ella en Frankfurt hasta 1988, cuando regresaron a México para iniciar una vida más próspera. Ese año me bautizaron, aun cuando yo hubiese nacido 3 años atrás; y es que mi papá siempre quiso que Ricardo estuviera unido aún más a su presente pasado.


Su vida en México fue un billete de lotería, todo era perfecto, hasta los últimos 2 años. Su carrera, matrimonio y futuro colapsaron casi al unísono, sin vuelta atrás o segundas oportunidades, de tajo. El domingo lo volví a ver después de mucho tiempo y sentí una gran pena por él; y después la sentí por mi, y es que a veces parecería que somos todos barcos de papel que navegamos en aguas inciertas, vamos con una felicidad y parsimonia casi infantil, e ignoramos el oleaje futuro.


Desperté de golpe a mitad de la madrugada y pensé en mis recuerdos "de cajón", los que suelo tener al reacomodarme en la cama, al abrazar mi almohada, justo como alguien tiempo atrás me enseñó, y pensar en mi vida futura. A veces me gustaría tener sueños premonitorios, poder leer el tarot como leo las noticias de los periódicos, leer mentes o por lo menos el café; sin embargo, el futuro es pura ciencia ficción.


Para quien no lo sepa septiembre es para mi el mes del reinicio; y éste precisamente es el que elijo para retomar Asistente de Vuelo, conmigo, un autor anónimo que imagina demasiado, que sueña todos los días, que recuerda mucho y que añora más. Mirar al pasado, como lo he dicho en los últimos dos posts trae recuerdos agridulces, pero son las certezas que busco, pues siempre la historia es la que nos define.


Ricardo ha cambiado, su presente lo redefine; todos lo hacemos, algunos mejor, otros no tanto, pero todos como podemos. Amo vivir en una eterna nostalgia, no es algo que esconda, o que pueda disfrazarse, pues lo evidencio en cada una de mis palabras; cada día es distinto, es nuevo, y lo disfruto cuanto puedo y como puedo, pero me declaro un amante de la melancolía actual.


Pie de Post: Hoy en una semana 100 años nos separan del primer gran festejo de la historia del México actual. Don Porfirio preparaba una magna celebración; su equivalente moderno, lo espero emocionado. Solo los que estamos aquí y ahora formamos parte de la historia, habrán cien años de distancia hasta que aquellos mexicanos futuros nos miren anticuados y llenos de defectos; la historia de nuestro país es razón suficiente para salir a la calle a gritar Viva México. Gran Bicentenario.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El Heartbraker 2

Las miradas siempre han sido para mi el determinante al conocer a una persona por primera vez; al cerrar los ojos tengo memorizado la manera de mirar de la gente que más quiero: mis papás, mis amigos... o querido como mis ex amores.


Hoy miro mi propio blog y trato de descubrir en su propio pasado, a veces me sorprende haber escrito algunas cosas; hoy me miro tan distante, tan diferente, leo cosas que hoy no podría escribir. Darle un vistazo al pasado siempre trae cosas agridulces,


Me confieso infantil e incongruente, me confieso haber estado apantallado por un mundo gay que hoy desprecio en su totalidad, del que no quiero saber ni tener contacto. Confieso que cometí errores grandes, que me dejé llevar por una necesidad de pertenencia, que me identifiqué con cosas que en realidad nunca me dijeron mucho. Confieso que lo único bueno que saqué de ahí fueron unos pocos a los que quiero y respeto. Confieso que perdí más de lo que gané. Confieso que siento una extraña vergüenza al leer algunos párrafos de mi pasado; pero quizá también son parte de esos famosos ciclos de los que las galletas de Sushi Itto me hablan.


Sin embargo, en mi nueva etapa "colibrí dans les jardins de la Reine" (en realidad solo pongo así como para que les dé risa, pero me refiero a una etapa en la que estoy saliendo con personas) opto por implementar lo aprendido, lo vivido y lo sufrido. Y como lo adelanté en mi post anterior quería contar un poco de lo mucho que me ha pasado en algunos meses en los que estuve lejos de mi blog conociendo y rehabilitándome.


Ciertamente me he alejado de los antros, no del todo, pero no soy ni la sombra de lo que solía ser; me doy cuenta que entre más lejos de ellos la vida es más racional, interesante, didáctica y dinámica. Mientras menos te mezcles en el gran océano de homosexuales no zona roseros, la vida será más tuya y menos del colectivo.


Aunque habrán detalles que contaré con el pasar de los posts, debo decir que desde hace ya un tiempo empecé a salir de nuevo en citas, con gente que me presentan o gente que conozco aleatoriamente; como ya lo decía los ojos, entre otras cosas, son un faro que capta mi atención en lo inmediato, y cuando de miradas se trata solo puedo recordar a "ojos 17"


Contaré que un día salí con un hombre completamente interesante, pasados sus treintas había logrado tener una carrera exitosa en el mundo de la diplomacia, es guapo y encantador; trató de enamorarme con solo dos días de conocerme; decía que mi mirada lo hipnotizaba; me hacía pensar en iniciar algo con él, acceder a pesar de una marcada diferencia de edad; yo dejaría mi propio camino de aprendizaje para dar por entendidas enseñanzas que solo el tiempo brinda; pero lo pensaba porque miraba honesto, sus ojos eran reales, no quería ocultarme nada.


Un día decidí contarle, quizá por error o por simple despecho de uno de los hechos de mi pasada relación que más me habían dolido, que más me herían en su momento; mi ex novio nunca quiso tomarse una fotografía conmigo, en ninguna circunstancia, bajo ninguna primicia, en público o en privado no existen recuerdos fotográficos de los dos. Se la relaté a "ojos 17" y él quedó perplejo; y aunque yo no me sentí mejor al contarla; me abrazó con palabras de asistencia y me prometió que eso no "nos pasaría"; al día siguiente en mi mail existía una fotografía hecha por él de los dos.


Debo decir que aunque hoy me parece un detalle extrañamente encantador, en el mismo instante me asustó, me hizo sonreír de nerviosismo, me hizo ser duro con "ojos 17" y en ese momento me di cuenta que él no era para mi.


No sé si en realidad lo determiné muy a la ligera, o si en realidad mi vida no podría estar ligada a la de él por cuestiones del destino, sin embargo, creo que aunque me costó trabajo preferí no dejar pasar más tiempo y ser honesto; me di cuenta que las relaciones con ese nivel de formalidad se dan entre iguales, no entre un veinteañero y un cuarentón que ha logrado todo lo que se ha propuesto. No lo he vuelto a ver, no sé si quiera hablar conmigo, pero supongo que quedamos en buenos términos.


Supongo que para encontrar al siguiente amor de la vida de cada uno de nosotros tenemos que mirar más allá de lo evidente, así como Leono lo hacía; el amor es irracional, sí; el amor es arrebatado, también; pero el amor también es peligroso, también compromete las entrañas, compromete los días y las noches que le preceden si es que el amor termina. El amor es todo lo que soñamos y todo lo que tememos. Por eso las miradas son hermosas y bellas, y las promesas y palabras encantadoras y las caras hipnotizantes y los cuerpos deseables, pero si no existe un mismo camino o los mismos fines, todo eso tiene como destino el fracaso. Creo que mis propias barreras a todo lo anterior me hace pensar que no estoy listo.

martes, 7 de septiembre de 2010

El Heartbraker 1

La inercia del tiempo nos vuelve menos vulnerables al pasado, nos da una cínica visión de lo que pasó y nos hace cambiar de piel, por una parecida solo que màs gruesesita. Pasado el pesado verano puedo finalmente después de varios meses volver a sentarme y escribir desde el punto menos personal de mi intimidad.


Hace un par de meses cambié de trabajo y dejé el enorme edificio color arena por uno metálico y de grandes ventanas en Paseo de la Reforma; no huele a tortas ni a licuados de guayaba; todos están trajeados y no tengo horario de salida. Me gusta; es distinto, es nuevo, de alguna manera abre un nuevo ciclo en mi vida, la que a veces desestimo por monótona.


Cada mañana me reúno con mi jefe y otros tantos licenciados, mismos que parecen haber estudiado para cambiar caprichosamente de ánimo y de decisiones. Sobre la gran y redonda sala de juntas, la secretaria ejecutiva selecciona los más importantes periódicos y aunado a ellos los más escandalosos rotativos de nota roja; confieso que me he hecho un asiduo lector de ellos, el morbo que regodea ese momento es incomparable, antes solía evitarlos, pero al parecer mi piel es más gruesa.


En la portada: descabezados, desmembrados, mutilados, infartados, todos muertos por violentas e inesperadas situaciones que los llevaron a terminar con su existencia. Siempre pienso en lo que pasó por su cabeza justo antes de morir; probablemente, en el caso del descabezado, un machete. Pero ¿en el resto?


¿Terminar ciclos es un proceso con avisos y memorandums? o ¿terminan de tajo, como si los machetearamos? En los meses transcurridos desde que mi relación terminó, mi Jesús-Berlín 89, y mi resignación; muchas cosas han pasado, entre ellas tratar de volver a salir con alguien. Definitivamente encontrar un hombre es una de las tareas más desgastantes existentes desde que las máquinas de vapor simplificaron el trabajo.


¿Dónde trabajas? ¿Dónde vives? ¿Qué haces en tus tiempos libres? ¿Con quién te juntas? ¿Eres jotito? ¿Te gusta Lady Gaga? ¿Vas a Envy? ¿Eres de ambiente? ¿Qué coche tienes? ¿La tienes grande? ¿Quieres salir de viaje conmigo? ¿Cómo te vistes? ¿Te gusta tener sexo con cinco o más? ¿Por qué no contestas mis llamadas? ¿Leíste mis mensajes? ¿Por qué ya no me haces caso? ¿Te caí mal? A veces siento que estoy en un pésimo sit com gringo. Extranjeros, bisexuales, ex casados, veinteañeros, exitosos, mediocres, norteños, sureños, regios, tapatios y otras peculiaridades son las que me he topado en tan poco tiempo; es un hecho que esta ciudad está llena de nosotros y parecen multiplicar el número; hasta hace unos días pensaba que todo se trataba de no poder encontrar al indicado, a ese que al conocer se me borrara el pasado y solo "me hiciera mirar hacia adelante", pero en realidad soy Yo quien tiene el problema.


Es un hecho que cada día es un poco distinto, es un poco distante; es una oportunidad de algo nuevo, de abrir un nuevo ciclo. Porque todo el mundo habla de ciclos cuando yo les digo cómo me siento; mi mamá toma pastillas con hormonas para no perder la cordura en su menopausia, es feliz y se dedica a hacer un millón de cosas, busca amigas y ese tipo de actividades, desearía que hubieran de esas pastillitas para aliviar otros males. Supongo que los cierres de ciclos son como los barros: duelen mucho, te hacen llorar pero son dolores que se soportan, que no matan ni que te dejan en cama por muchos meses.


He leído sobre Yoga, sobre autoconocimiento, sobre gente que la ha pasado mal en la vida, me fijo todo el tiempo en el reloj para pedir felicidad a las 11:11; siempre que conozco a alguien finjo emocionarme y embelesarme, y trato de sonreír cuando tengo ganas de sentirme mal; pero el hecho es que nada de eso funciona más que el tiempo. Creo que poco a poco relataré mis últimas citas, con hombres particularmente interesantes, pero de los que no pude engancharme; a veces no puedo negar que tengo buena suerte en eso de conocer a gente, pero es un hecho que sigo dejando que el momento de leer la nota roja sea uno de los momentos más emocionantes de mi día.

Los Santos y Resucitados (150 Grados)

(Originalmente escrito para www.150grados.blogspot.com)

MARTES 30 DE MARZO DE 2010


Vivir con el corazón roto, con un recuerdo constante y un vacío crónico puede llevar hasta al más fuerte a una debilidad continua; al ingreso de una rutina desgastante, monótona; un círculo vicioso que nos hace preguntarnos ¿Quiénes somos? o si en realidad nos convertimos en lo que nuestra dolida mente nos dice, y nos cuesta trabajo pensar en cómo éramos cuando el amor estaba a nuestro favor.


Las madrugadas son largas cuando la mente juega con su poderoso archivo de recuerdos, nos hace soñar y nos perfora el estomago con recuerdos generados y transformados. Despertar en medio de la noche y darse cuenta que nada de lo que sucedió mientras dormía ocurrió, me hace dar vueltas hasta que el sol sale de nuevo.


Mientras manejaba al gimnasio, ese mismo en el que me metí para cambiar parte de mi vida y ordenarla, pensaba en todas las semanas, en los días y noches que he recordado sin parar, que he fantaseado, e incluso, pienso esos momentos en los que me he torturado con algo de lo que estoy en proceso de terminar, para así poder resucitar de mi pasado y continuar con lo que vivía antes de conocerlo.


Los ex amores nos dejan aprendizajes, el mío lo hizo en muchos niveles, me cambió, por eso reprocho al pasado; reprocho mi ceguera temporal, la misma que al irse me aclaró todo los errores cometidos. A 10 Km/hr, trotando en la caminadora y con Felipe, mi mejor amigo, a lado le cuento mi último sueño, el más reciente en el que "el ex" aparece; y al terminar de hablar y darme cuenta de mis palabras llegué a la conclusión de que conforme pasa el tiempo, la imagen de mi ex se ha santificado, de tal manera que no importa lo que en realidad sucedió, parecer ser que lo he reescrito para que el dolor sea continuo y fluya como un vendaval eterno en donde refugiarme.


¿Soy aquel que puede pasar años sin olvidar, viviendo de su pasado? ¿Mi capacidad de reinvención terminó así de simple? me preguntaba mientras me veía en el espejo de la visera del coche; soy un conductor descuidado, no puedo evitarlo. Lo cierto es que aun hoy estoy enganchado con mis errores, con mi poca tolerancia a los errores.


He tratado de cambiar todo lo que pueda recordármelo, he extralimitado mis capacidades para que el hoy nada se parezca al ayer; incluso mi cama es nueva; me duele no soportar los recuerdos; me duele darme cuenta de todo lo que he cambiado en 4 meses y anhelar que él conozca en lo que me he convertido, porque en este momento no importa cuánto logre hay días que simplemente me siento en un hueco, anhelando un tiempo que hoy miro perfecto, pero que no lo era. Puedo escribir horas sobre lo que siento, y sobre lo que recuerdo, no importa dónde mire, o qué coma, o qué hable, siempre habrá algo que me haga pensar, siempre habrá algo que corte de tajo mi sonrisa.


¿Cuándo es suficiente?¿Cuándo estaré convencido de lo que todo el mundo me aconseja que haga? ¿Cuándo dejaré de recordar con este reproche al hombre que Santifiqué de la noche a la mañana? ¿Cuándo dejaré de pensar en ti?


Honestamente me he rendido a meter el acelerador, me declaro harto de querer conocer a alguien que me pueda hacer olvidarlo, pues siempre que lo intento me parece más inútil, más absurdo y menos convincente. El libro de la Biblia dice que Jesús resucitó a los tres días, y pienso que quizá yo voy en mi segundo día; creo en la resurrección, creo que el pasado que hoy me hace sentir una chinche un día simplemente me hará sonreír. Creo que un día simplemente dejará de doler, no sé bien cuándo, ni cómo. Pero espero que sea pronto.


Mi vida está en la época "Jesús-Berlín 89", la nombré hoy porque creo que estoy en el proceso de regresar al juego, conseguí un nuevo trabajo, mucho mejor que el actual, conseguí salirme con pocos rasguños de un mundo gay inmundo, conseguí convencer a mis papás de mi credibilidad, conseguí recuperar la convivencia con mi familia, conseguí reducir mi cantidad de amigos para quedarme con los más valiosos, conseguí tener una nueva disciplina de vida a algo más sano e inteligente, lo conseguí pero aun no estoy orgulloso de ello, pues nada me hace sentir libre de mi pasado.


Bienvenidos a 150 Grados, mi nuevo blog, espero que me lean; sé que no soy lo más positivo, pero de eso se trata resucitar y cambiar, de procesos que solo el tiempo pueden concluir de manera sabia y poderosa.

AG.

jueves, 11 de marzo de 2010

Los Niños Bien

En mi casa siempre se habló de las bondades de ser "niño bien", "de casa" y "de familia", para mi esos términos siempre fueron familiares, tangibles, pero a la hora de la hora las cosas parecían no ser tan claras y precisas. En la escuela había que ser meticuloso a la hora de clasificar a alguien de esa manera.


Pero quién es un "niño bien", qué lo hace tan "bien", tan especial... pero sobre todo ¿Cuál es la cancha en la que juegan estos niños en el mundo gay? Sin miedo a pecar, me presento como un niño bien; y aunque no te marcan con chips o certificados a la usanza de los perros de buena raza, heredé este representativo de mis papás que me educaron bajo estrictas costumbres y malcriaron emocional y materialmente; así también me transmitieron sus odios y sus juicios sociales. Alguien que se considera "bien" siempre tendrá que tener a sus antagonistas.


Al empezar a definirme gay en realidad no sabía cuál era mi sitio, con quién podía llevarme y aunque el mundo heterosexual nunca fue muy amistoso conmigo, buscaba al resto de los "niños bien". El tiempo pasó y he descubierto que el mundo gay tiene mucho más de estos idílicos personajes de los que jamás imaginé.


Felipe, uno de mis mejores amigos, practicante de la definición "niño bien", y yo estamos inscritos en el más homosexual de los gimnasios de esta ciudad el Centro Qi, de la Condesa; a diario mientras estamos en las caminadoras vemos desfilar a un sin fin de cuerpos perfectos, pero ninguno de ellos nos parece atractivo, ¿Por qué? No todos los gays son iguales.


Readaptándome a la soltería, como un ex presidiario regresando a la vida normal, he vuelto a la fuente de interminables horas de diversión: Manhunt.net, el juguete favorito del 90% de mis conocidos pero que por supuesto no se dice, ni se admite, es cosa de Gente Bien. Y me he encontrado con que las cosas no cambiarán nunca. Incluso hay gente que tiene las mismas fotos de hace 2 años atrás. Con los traumas propios de haber sido educado para juntarte con "aquel tipo de personas" y casarte con "aquella niña que es hija de" resulta atractivo encontrar que haya otros gays que se autonombran "niños bien"; me hace pensar "probablemente pueda salir con él y seremos compatibles y nos enamoraremos y nos casaremos" (ahora que ya podemos hacerlo) pero en realidad esto nunca resulta compatible y mucho menos divertido.


Los "niños bien" a veces te invitan a tomarte un drink y nunca más te volverán a ver, y probablemente llegarán tarde al cine y te preguntarán "cuál de los de la selección nacional te quieres coger"; los niños bien que quería conocer para casarme, no quieren nada serio, y "necesitan definirse", los "niños bien" que conozco quieren algo serio pero pueden acostarse con el país entero de ser necesario, los "niños bien" quieren al príncipe azul pero les cuesta trabajo saber qué buscan. Los "niños bien" se olvidan de ti tan pronto como el día vuelve a iniciar. Los "niños bien" como yo pueden irse de peda cada viernes sin importar que tengan novio; los "niños bien" en realidad son la versión Lomas de Chapultepec de los musculosos que Felipe y yo despreciamos por no ser "niños bien".


México es uno de los países más superficiales que he conocido, la sociedad construye sus juicios en base a lo que alguien posea, su abolengo es comprado y nunca escatima a la hora de colocar a alguien que no considera de su nivel en "el lugar que merece". Sin embargo, hay quienes adoran perpetuar el mote y crean lugares como Envy, la epítome del autoengaño, con el tiempo pasó de ser una idea revolucionaria, integral y sofisticada para un público gay productivo y admirado en el ámbito social, a ser un cliché poco llamativo e interesante.

viernes, 19 de febrero de 2010

Yo Confieso

El domingo antes de dar a luz a su segundo hijo, mi hermana, nos confesó en medio de la comida que tenía miedo, que aunque no era la primera vez ahora sentía algo que solo podía describir como miedo, a morir, a que algo saliera mal, a no ver a sus hijos, a dejarlos solos. Aunque el momento que relato fue más relajado de lo que describo todo el mundo asintió y le sonreímos.


El lunes había nacido mi segundo sobrino, pequeño, rosa, indefenso, hermoso, es el segundo bebé de la familia y todos los reflectores se voltearon hacia él y es que confieso que siempre hemos sentido una fascinación hacia las nuevas vidas, hacia los nuevos; mis papás, mis hermanos y mi familia entera se maravilla ante la llegada de alguien nuevo. Yo confieso que el día que mi segundo sobrino nació me sentí feliz, me sentí lleno de un sentimiento que hace semanas no sentía, creo que dejé de tener miedo.


Yo confieso que mi ruptura fue más difícil de lo que pensé, confieso que lloré más de lo que creí, confieso que me enojé más de lo que pronostiqué, y confieso que tuve mucho miedo; miedo a sentirme solo, a extrañarlo, al día que lo volveré a ver, a saber de su vida por chismes que dice la gente. Confieso que lo extraño, confieso que lo sueño, pero también confieso que quiero olvidarlo.


Mi sobrino llegó a un nuevo mundo, se creó de la nada y hoy es tangible como la vida misma, hace 34 semanas él solo era un proyecto pero hoy duerme junto a sus padres. La vida siempre nos da oportunidades para iniciar o reiniciar, la vida nos da la oportunidad de nacer. Lorenzo, en su última platica conmigo me dijo que tenía que superarlo, que tenía que olvidarlo y que tenía que seguir con mi vida, que tuviera proyectos, admito que tiene razón.


Siempre se puede renacer, empezar de nuevo y confieso que eso me emociona.