jueves, 14 de julio de 2011

El Atlantis

Ciertamente habrán escuchado aquella expresión "todo en la vida son ciclos" "todo lo que empieza tiene un final" y ya lo decía Carlota, según Fernando del Paso, refiriéndose a la muerte: "todos los días llegan alguna vez".

Siempre recordaré por qué inicié este blog; lo recuerdo porque nunca antes había escrito desde mi punto de vista, hablando de una vida que sólo era para mí; me encerré en el anonimato para decir lo que se me ocurría, para poder hablar de a quién amaba y a quién no; empecé de manera frívola y superficial e infantil, que me llena de cierta nostalgia al leer los primeros posts; y que, con el tiempo, casi al final se convirtió en una válvula para dejar fluir todos los rencores, sinsabores y la profunda desilusión que junté en mi transición.

Pero "todos los días llegan una vez" y ayer antes de dormir supuse que no podría empezar otra cosa si Asistente de Vuelo no terminaba. Y tal y como inició: con un post corto, simple, entusiasta, que no tenía otra pretensión más que aclarar mi mente, lo termino igualmente. Y pienso mucho en que todo acaba, la amistad, el amor, el verdadero amor, el dinero, la vida, la juventud, la tristeza, los rencores, los días nublados y los soleados, la mala suerte, las ganas de llorar, la risa, la infancia, el dolor, el sexo, termina el futuro y el presente. Todo.

A veces no notamos lo felices que somos o lo completa que es nuestra vida sino hasta que el tiempo pasa y miramos una fotografía pensando "en ese entonces lo tenía todo y no lo sabía", nos llena de melancolía pensar en lo que desaprovechamos por perder el tiempo en muchas otras cosas; y es que en los últimos tres años entendí que no se tiene que ser perfecto para ser feliz, ni tener "todo" para tenerlo todo. Que no se debe desear lo que no se tiene porque quizá "eso" nunca llegará y el resto, lo que sí existe es menospreciado. Aprendí que todos los días llegan y que soy débil ante el "adiós". que no dejo de amar tan rápido como acaba el día y que a pesar de todo puedo reinventarme; que cada día sin tristeza es un día de felicidad.

Es el último post desde Asistente de Vuelo; el último hablando de una transición que marcó mi vida por completo. el último. Quiero hablar de muchas otras cosas, no sólo del mundo gay o de los procesos implicados; creo que lo dicho aquí es parte del pasado.

Gracias a quienes me leyeron, a quienes se identificaron conmigo en algún punto. A quienes me felicitaron y a quienes me odiaron.

Mirar horizontes más lejanos nos da la oportunidad de soñar con emprender nuevos viajes.

martes, 8 de febrero de 2011

Yo, la ULTRADERECHA

Vientos polares cobijan la última etapa del invierno que ha prevalecido en este incipiente y novel año; un año nuevo prometedor que dejó atrás el que estuvo llenó de cambios, revoluciones, contradicciones y agridulces.

Tres diferentes oficinas tuve que recorrer para finalmente empezar a establecerme en una que, espero, me haga echar raíces. Sin embargo, el dos mil diez me transformó en un esquizofrénico emocional, una especie de "odiotodo" un dictador al que no se le debe contradecir; un ente caprichoso y vengativo.

Es extraño como a pesar de encontrar certezas uno puede sentirse tan contrariado, tan contradictorio; será que ¿entre más se tiene más se quiere? o quizá sea que no se sabe lo que se quiere.

Lo cierto es que este año tiene la promesa de ser diferente al anterior; quizá este año pueda perdonar lo que aun no he olvidado, quizá este año pueda abrirme y dejar que la gente piense tan distinto a mí que pueda encontrar coincidencias. Quizá este año deje de ser el ultra conservador en el que me convertí para protegerme.

Hoy soy peligroso para la sociedad, soy un ser humano que se alegra de las ridiculeces de los demás, que crucifica y se regodea en sus triunfos; no logro entender la estupidez, pero quizá soy yo el que vive en ella.

Sé que necesito continuar el proceso de cambio que inicié hace un año, sé que nunca seré la persona más agradable ni con más amigos del mundo, sé que siempre seré un poco difícil; pero bueno, siempre es bueno tener proyectos a largo plazo.

Por lo pronto sigo con mis demonios, con mis fantasmas, con mi ultraderecha, siendo un peligro latente para quien me dé la espalda; algo creativo saldrá de todo eso. Bienvenido dos mil once.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Supermodelos

La ingenuidad suele ser nuestra peor enemiga en los tiempos de guerra. El gran deseo por ser aceptados devora cualquier amor por nosotros mismos, y aunque peco de sabelotodo, estoy seguro en tener la razón. La soledad y la falta de un guía logra convertirnos en un asustado ratón que busca la salida en un intrincado laberinto.

Los más afortunados nacemos rodeados de planes; los padres están determinados en crear una versión mejorada de ellos mismos, se convierten en nuestro ejemplo y así como "Dios nos hizo a su semejanza", nuestros creadores biológicos nos educan para cumplir sus sueños de una descendencia perfecta, hecho que por lo general termina con grandes desilusiones.

Heme ahí catorce años atrás, tratando de explicarle a mi padre por qué no me gustaba jugar fútbol: delgado, castaño, frágil e ingenuo; naturalmente lo único que se me ocurrió fue decirle la verdad: "no me gusta porque me da asco sudar", y con sólo mencionarlo fue él quien sin moverse empezó a transpirar. ¿Qué pasará en la mente de los padres cuando sus "mini yo" no son lo que ellos pensaban?

En la invención de nuestra personalidad vamos por la vida obteniendo un poco de todo lo que nos parece correcto seguir, nos seducen los fragmentos más atractivos de los que nos rodean, buscamos a alguien que pueda parecerse a nosotros y crear complicidades, amistades y admiraciones. Hace años yo fijé mis ojos en la única referencia gay que no era una peluquera o corista de alguna estrella mediocre como Yuri, estoy hablando de mi tío Julio.

En mi laberinto supuse que sería sencillo identificarme con él; Julio es el malcriado medio hermano de mi padre; fue un niño solitario y caprichoso, estudió en París la mayor parte de su vida y al regresar se había convertido en un atormentado post-adolescente que jugaba a afrancesar todo lo que se le ponía enfrente; sus preferencias sexuales fueron evidenciadas frente a toda la familia en un hecho vergonzoso y que conmocionó a quién estuvo presente; a partir de ese día, recuerdo que no me gustaba tenerlo cerca, probablemente el rechazo radicaba en el miedo de ser desenmascarado de la misma manera en la que tiempo atrás él lo había sido y así pasar a ser un leproso social. Y con los años cumplió con el cliché de los gays nacidos a principio de los 70s y se convirtió en un adicto al que todos le mostraban una sonrisa vacía y palabras llenas de condescendencia.

Julio fue descartado como modelo a seguir, me aterraba siquiera la idea de seguir sus pasos; así que traté de mirar otros pastos mucho más verdes. Mis primos, mis hermanos y todos los que me rodeaban parecían ser perfectos para el trabajo, sin embargo, y con el paso del tiempo me di cuenta que ellos siempre han tenido un destino diferente al mío. Mi vida versaría en caminar yo solo un trecho difícil y lleno de claroscuros.

Como lo he contado, entrar al mundo gay "clase A" de la ciudad fue relativamente sencillo, y con ello tuve acceso a las historias de los que consideraba "mis iguales"; por un tiempo llegué a admirar a algunos y entonces pensé que ese era mi lugar, que debía ocupar un sitio dentro de la intrincada sociedad secreta, donde los apellidos tenían que ser respetados con el más leal de los silencios; pero no hay nada como descubrir que tus nuevos modelos son como plástico con el que hacen carteras de imitación.

Una nueva generación está despertando y aspira a vivir con mayor libertad su sexualidad, sea cual sea; muchos cometemos grandes errores, pero tenemos tiempo para enmendarlos pero, ¿qué se hace cuando eres un newlygay de cuarenta que busca desesperadamente una guía?

Puedo recordar a alguien en específico a quien llamaré "AL K" que por un tiempo me hizo pensar en él como un genuino hombre respetable. Cuando lo conocí hace varios años atrás en Altavista 147, me pareció un flamante hombre maduro que era feliz, sin embargo, el tiempo demostró que nada de lo que él poseía en materia o experiencia en realidad me interesaba. Es un abogado de cuarenta y tres años, divorciado, con un hijo, guapo y puede ser simpático, adora Carolina Herrera y no sería una sorpresa encontrarlo en esa exclusiva plaza del brazo de su madre; AL K de la noche a la mañana se erguía como todo un semental, su vida sexual era variada y contenía nombres interesantes en su "playlist"; su boca se llenaba al presumir con cuántos y cómo se había acostado la semana transcurrida.

Existió el día en que lo consideré mi amigo, me marcaba en las madrugadas para contarme sus males de amor, sus nuevas conquistas; me preguntaba mi opinión sobre ropa o lo que debía hacer con situaciones en específico por las que pasaba, me daba ternura que un hombre de su edad y con sus compromisos se sintiera tan a gusto en fiestas con veinteañeros debutantes y que pudiera divertirse aun cuando no tenía nada en común con esos niños, me intrigaba cómo es que me escuchara para poder aclarar su mente.

Le tomé un cariño que no le tuve a mi tío, porque en su fachada Al K era muy diferente a Julio; le brindé mi amistad y mi confianza; la ingenuidad nos dice mentiras al oído, nos coloca en verdades alternas pero que más tarde siempre resultan muy claras; Al K estaba cerca de mí, decía que me quería y que no tenía un amigo que lo escuchara como yo; y un día de enero supe que él enviaba mensajes sexuales sms a mi ex novio a un mes de haber cortado. Ese era en realidad el hombre con el que había estrechado lazos, ese que tenía una ex esposa acosándolo y un hijo al que cada vez visitaba con menos frecuencia; era él sin máscaras, demostrando su verdadero núcleo. Hace tiempo que no lo veo, pero puedo suponer que sigue frecuentando los mismos antros, hablando con la misma gente y debe estar acostándose con los nuevos ingresos, seguramente reafirma su status de Macho Alfa con sus conocidos para que todos los días se diga a si mismo lo masculino que es a pesar de sus preferencias sexuales; a pesar de haber sido desenmascarado por su esposa a través de su cuenta en Facebook. Hoy, cuando pienso en él, me da tristeza y quizá peco de "sabelotodo" pero estoy seguro que terminará tan solo como alguna vez me contó que se sentía.

Mi tío Julio se rehabilitó finalmente a sus casi 40, hoy es vegetariano y Budhista, se va cada mes de retiro a Tepoztlán con sus nuevos amigos; cree en el amor verdadero; suele hacerme plática en messenger y aunque no es mi persona favorita todavía siento más tolerancia hacia él. Dice que quiere hacerse guía de turistas o algo así.

La ventaja de estar en el laberinto de la vida es que con el tiempo logras aprenderte el camino, logras encontrar atajos y un día encuentras la salida. Las proyecciones que hacemos en los demás simplemente sirven para crear esperanzas superficiales, soluciones momentáneas, pues no importa que tan buenas sean las intenciones cuando alguien más es quien tiene que tomar su propio camino. Sé que mis padres hubieran estado más tranquilos de haber sido heterosexual, de haber sido el ejemplo perfecto para mis sobrinos, pero el caso es que no es así.

Hoy ya no soy aquel asustado que trataba de buscar por todos lados para encontrar una mirada con quién identificarse, dejé de buscar en las personas equivocadas algo de complicidad, el laberinto me reunió con unos pocos a los que admiro, mis amados, mis queridos mejores amigos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Rituale Romanum: homo homini lupus

Hubo un día que lo tuve todo...

Un día tuve el amor de alguien a quien adoraba, un extenso grupo de conocidos a quienes creía mis amigos, una reputación envidiable y la fantasía con la que había soñado toda la vida.… las cosas cambian: los absolutos se vuelven relativos, y el cielo se puede trasformar en un infierno.

Apuesto a que todos tenemos algo que nos hace sacar lo peor de nosotros; situaciones en que perdemos todo nuestro altruismo olvidando cualquier tipo de bondad por satisfacer nuestras más oscuras pulsiones. En lo personal, cuando pienso en ese "algo", me viene a la mente una sola cosa; muy concretamente puedo pensar: en un lugar en el que las fantasías pueden cobrar vida, pero que el precio a pagar es demasiado alto.

-2008 fue un punto de inflexión en mi vida; era el año que marcó claramente un antes y un después. Acababa de aceptar mi nueva identidad (era un newlygay), empezaba a conocer a quien se convirtió en mi primera relación estable, y quería descubrir un mundo gay que me parecía amplio y extenso. Por primera vez me sentía cómodo con lo que era.

Me daba prisa para descubrir todo el mundo que sabía me esperaba; podría palpar las posibilidades. Pero más allá de eso, recuerdo una cosa por encima de todo: fue el año en que pisé por primera vez ENVY. -

Mi barba jamás había estado tan larga y no sabía con quién juntarme, iba a la universidad y me entusiasmaba tener amigos que supieran qué es lo que se siente. Originalmente Envy lo llamaron Private; en su momento, nadie esperaba nada especial del lugar. La mayoría pensó que sería un antro más del interminable ciclo de aperturas y cierres, que siguió al cierre de Living.

Recordemos que en la época pre-ponienteña, el Gueto Gay de la Zona Rosa era la fuente más grande de opciones. Quienes lo vivieron, recuerdan con una mezcla asco y cariño, la época en que convivía con peluqueras de Polanco, vestidas de Tlalpan, descamisadas de la electrónica, y, de manera más importante: a veces con los escasos “niños bien” del poniente o sur de la ciudad. En esa época, se vivía un auténtico auge del gueto mundo gay, que permanecía oscuro y escondido ante quienes no lo conocían. En esa época, la auto denominada “gente bien" gay, tenía una doble vida: entre semana comían con sus amigos de la escuela en Santa Fe, y los fines de semana cubeaban en Amberes, con totales desconocidos.

Pero volviendo al tema: Private en la Juarez, si bien estaba alejado del centro tradicional de la Zona Rosa, nadie nunca pensó las consecuencias que ese experimento traería. Y el día que llegué (completamente solo), tuve que esperar a que entraran los A-listers; sólo después de esperar un rato entré a esa extraña casona cerca de la Secretaría de Gobernación en la Ciudad de México.

Recuerdo la ropa que llevaba puesta, el temor de sentirme fuera de lugar, mirar que todo el mundo se conocía y se trataba como amigos de toda la vida; y aunque en ese momento me pareció ridículo el extraño ritual, jamás hubiera imaginado lo que me esperaba.

En ese momento desconocía los nombres y las reputaciones. Ignoraba los códigos de conducta y la hipocresía imperante en el ambiente elite gay mexicano. En retrospectiva, me sorprende cómo entré a voluntad y con fe ante lo que ahora veo como un nido de víboras; en ese momento,, mi inocencia era palpable. Esa noche no pasó a más; viví un fracaso total, y perdí lo que en es momento esperaba fuera un hecho fundacional. Sólo recuerdo que semanas después el mismo creador de Private inauguró Envy en Santa Fe.

El nuevo antro estaría en Santa Fe, era escandaloso: ¿un antro gay en el poniente? quebrantando el orden y las morales de la obtusa sociedad mexicana, la curiosidad y la atracción eran irresistibles.

El creador del antro no es nadie más que un ex egresado de una de las escuelas católicas más tradicionales castrantes de esta ciudad. No posee gran inteligencia, y como miles de inútiles en México, se graduó de la universidad que S.S. Padre Maciel habría inaugurado para satisfacer la demanda de “tontos niños bien”. No es muy guapo, ni muy inteligente; no es ni siquiera simpático. A decir verdad, es bastante pesado, primario y tedioso; su sentido de la sofisticación e innovación se reduce a introducir al pobre mercado mexicano lo que logra copiar de sus múltiples viajes que hace como turista a Nueva York. En verdad: ningún genio; aún así, este personaje inadvertidamente cambió el paradigma de lo que entendemos actualmente por el mundo gay.

Naturalmente, Envy fue un éxito inmediato. Como era obvio, la “democrática” mezcla de la Zona Rosa generaba la demanda para un tipo de antros distintos: antros de “gente bien”...que tuvieron la "fatal desgracia" de ser gay.

Hipócritamente, la gente ansiaba un lugar donde no los discriminaran por tomar la mano a su novio, pero sí cuando eres moreno, chaparro o más importantemente para el creador: pobres.

Instauraron una cadena (desconocido en el mundo gay), y pusieron a un cadenero que sólo dejaría entrar a la gente hermosa y adinerada. Era un paraíso…o eso creíamos en ese momento.

Soñé con ser un A-lister de Envy; después de un tiempo (y mucho dinero), lo logré tan rápido que yo mismo me sorprendo de ello, aunque en realidad destacar en un mundo tan limítrofe no es ni será la mayor de mis hazañas. Hubo un día en que tuve toda la parafernalia de la élite de Envy: la frívola y superficial manera de ver la vida: tenía un novio guapo que obligaba a que me acompañara, un extenso grupo de "amigos"; conseguíamos las mejores mesas, incluso no pagábamos por entrar como lo hacía la mayoría y mi nombre siempre en estaba en la lista.

Un viernes cualquiera la primer hora, dentro del lugar en cuestión, era inexcusablemente dedicada a saludar a todos mis conocidos; las mismas personas siempre eran mis vecinas de mesa; conocía a todos de los que me rodeaban; conocía sus escándalos, sus acostones y hasta el tamaño de sus penes, no hay nada que se ignore en Envy.

Besaba en el "cachetito" a los que me caían gordos, pero con los que no podía enemistarme, y despreciaba a los miembros de nuevo ingreso. Envy parecía una realidad paralela, un mundo que habíamos soñado después del arrabal de la
Zona Rosa. Y lo peor de todo: mi nueva vida me hacía sentir bien.

Tenía entre 23 y 24 años, y disfrutaba una segunda ronda en la secundaria; sólo con una diferencia: ahora yo estaba en la cima de la pirámide. Cumplí el capricho de todos nosotros; tuve lo que a la mayoría nos negaron en la escuela, por el simple hecho de ser diferentes. En verdad, vivíamos en "Planeta Paulina".

Todas las semanas sin falta yo estaba ahí:, emborrachándome, escuchando a la misma gente estúpida, mientras que fingía que me parecía simpática, bailar una y otra vez de la misma manera que una semana atrás, las mismas canciones que una semana antes. Cada viernes veía en loop a los señores forever que merodeaban en busca de carne fresca.

Cada viernes entraba en una eterna espiral que no puedo más que comparar con el tormento de Sísifo. Envy se convirtió en un elemento en mi vida, una vida que no me daba cuenta, pero cada vez me iba vaciando por completo. Con el tiempo abrí los ojos. El mismo proceso de ascenso, me mostró lo ridículo de un ritual que sólo sostiene a la horrible dinámica de quienes buscan validarse. Un lugar que sólo concentra hombres pequeños, que buscan ser grandes a costa de los demás.

Caí en cuenta de lo ridículo y absurdo del ritual. La exclusividad era una faramalla, las amistades una fantasía. Un sateluco podía cumplir su sueño de codearse con los nietos de infames ex presidentes; un lindavisteño podía acostarse con un bosqueslomeño…todo, siempre y cuando pudiera pagarlo.

No importa lo horrendo que fueras, o lo fatigable de tu conversación, si llegabas en el helicóptero del Estado de Puebla, podías imponer tu status. A pesar de todo lo que representó Envy en un inicio, caímos en cuenta de que no importa qué hicieras, o cómo fueras: un par de Louis Vuitton en los pies, te lo perdona todo. Cuarentones con hijos, que juegan a ser casanovas, extras de Televisa que siempre toman gratis de nuestras tarjetas, amigos que se bajan novios: escoria, tallándose con basura. Cada viernes se viven duelos a muerte, compitiendo por quién es más, de lo que nunca serán en la vida real.

Lo sorprendente, es que aunque hoy me parece una de las mayores ridiculeces de mi vida, hay hombres de 40 y tantos, que llevan 15 años divirtiéndose de la misma manera en que yo lo hacía a mis veintitantos.

Envy crea una falsa realidad que sumerge a la gente; he visto decenas de niños que como yo que caen en la confusión y sienten que son alguien por estar ahí, sin embargo, nada que se encuentra ahí vale la pena. Búsquedas de identidades, que sólo terminan en situaciones vacías. Una completa pantomima.

Envy crea mitos; personas que no existen. Hombres que se antojan y personas que cuando uno se topa con ellas por primera vez las mira grandes e inalcanzables, pero que después de un tiempo son solamente una tonta fachada.

Sus galas de aniversario son el perfecto ejemplo del séptico ritual que perpetúan; una farsa que ellos mismos alienan para asegurar un negocio con fecha de caducidad próxima.

No todo fue malo, Envy es mi mejor ancla: es la manera en la que recuerdo quién soy, y cuánto perdí por un estúpido capricho. Ese lugar que sacó lo peor de mí, pero también lo mejor.

Hace meses que no piso ese lugar (casi un año), me alejé del 95% de las personas que conocí ahí, conservé a mis mejores amigos, los que lo demostraron. Me quedé con tan pocos, que puedo invitarlos a comer y no desfalcarme. No tengo novio desde hace casi el mismo tiempo, y la mayoría de los que me conocían en esa época, hoy no me soportan. Por lo pronto, Envy continúa siendo rentable, pero pronostico una caída inminente; y su recuerdo perdurará, tan pronto exista un sucesor. Ese mundo gay al que tanto anhelaba conocer resultó ser endeble y mediocre, la comunidad gay no tiene la unión que presume tener. Y será esta la última vez que hable de Envy o su concurrencia.

Hubo un día que creía tenerlo todo.…

lunes, 1 de noviembre de 2010

Día de Muertos.

Últimamente mi vida se ha adaptado con una relativa sencillez a la rutina diaria de despertar temprano, cuando el sol apenas sale y el mundo empieza a operar; con el amado estrés de la ciudad puedo encontrar un espacio completo de relajación en el trayecto comprendido entre mi casa y la oficina.

Un día hace un par de semanas, en el mencionado espacio que sólo concierne a mi persona y a mi ipod, entre el nuevo single de Maximum Balloon y el Ángeles del Pedregal mi Blackberry sonó, me avisaba la llegada de un correo de uno de mis mejores amigos, al que hace unos meses nombraba en mi blog como Alberto.

Él suele hacer eso, enviar información, de todo tipo: política, religiosa o simplemente para hacernos reír; en ese mail venía incrustado el enlace para poder tener acceso a la columna de un ex compañero de escuela suyo llamado Genaro Lozano.

Articulista del periódico El Universal, estudió en el ITAM, y el 11 de septiembre de este año publicaron la columna que titula "Caireles de niña" en la que habla sobre el "bullyng" o abuso en las escuelas. Nunca había leído la columna de Lozano, ni sabía de su existencia, el tema no era nuevo para mí, días atrás lo había platicado en una cena con mi grupo de amigos, en fin, el abuso en las escuelas era un tema que tenía fresco en la mente y sobretodo en las entrañas de mi superficial y castaña cabeza.

Lozano logró que me trasladara a un momento y una época que yo hacía mucho tiempo había enterrado, una época que marcó mi vida. Nunca fui popular, ni tuve muchos amigos, huí de una escuela de puros hombres y nunca estuve presente en los eventos sociales de donde me gradué. Hace muchos años yo fui uno de esos a los que los niños molestaba por ser "rarito" y "anormal" porque "no me adaptaba" según mis profesores, "porque no lograba ser como los demás"; me ponían apodos, me hacían sudar de miedo, lograban que ir al baño fuera un momento de estrés tan grande que mi cuerpo se acostumbró a no hacerlo durante las horas de escuela. Participar en clase era un martirio que prefería evitar; incluso mis habilidades deportivas prefería mantenerlas ocultas y parecer torpe a ser el hazme reír.

-Maricón, muerde almohadas, mana, reina, preciosa, mayate, nena, jotito, puto, loca, marica-

La escuela fue siempre un sitio al que despreciaba; mis compañeros eran crueles, pero era peor la indiferencia de los adultos, era criminal la manera en la que cerraban los ojos ante lo evidente; escondía la verdad en mi casa pues siempre me avergonzó que mis papás se enteraran de que hasta el zángano más limitado podía hacerme pomada con sólo quererlo.

Pero un día simplemente se me fui de ahí y sin mayor trámite lo enterré; no soy amigo de ninguno de ellos, no los tengo en Facebook y me duele el estómago cada vez que los recuerdo, no voy a las comidas de reunión ni les deseo el bien, ni el mal, vaya. Genaro Lozano habló de un tema que me marcó en la infancia, y que al parecer nadie considera trascendental, pero siendo el adulto que soy no puedo estar más en contra. Nadie es perfecto, nadie lo fue ni lo será. Los que me molestaban no eran lindos ni muy brillantes, varios venían de hogares rotos y no tenían nada por qué sentirse orgullosos; hoy esos mismos son adultos que se fotografían ahogados en alcohol, y se han puesto más feos y gordos, están metidos en broncas que yo nunca tendré y siguen siendo la basura que siempre fueron.

Cuando era niño y pensaba en la soledad de mi recamara, cerraba los ojos y recuerdo que con una fe ciega pedía ser como los demás, como ellos, los que me molestaban; lo pedía con tanto fervor... pero afortunadamente eso nunca pasó.

La vida que a cada uno le toca es sin duda un desafío, ser gay es simplemente una característica más dentro del gran número que me definen. Y aunque todo eso me hizo más fuerte y con el tiempo pude reinventarme, ese pasado sigue muy dentro. Y me declaro culpable de ser prejuicioso y malvado a la hora de calificar a alguien que no me gusta; quizá es un primitivo sistema de auto defensa, supongo que tengo que recordar esos días en los que prefería quedarme en el salón durante los recreos.

Y como yo, existen miles de niños que hoy siguen siendo abusados, que se preguntan qué hay malo dentro de ellos, que no saben por qué la gente les tiene tanto rechazo; ojalá un día ellos también logren enterrar esos tiempos y ayuden a que en el futuro la ignorancia y crueldad sean motivo de castigo y desprestigio social.

Genaro Lozano escribió algo que espero se convierta en una voz tan fuerte que todo el mundo pueda oírla.

Si quieren saber más del columnista síganlo a través de Twitter @genarolozano.

lunes, 25 de octubre de 2010

Gran Turismo

Mi mamá dice que cuando viajas lejos del hogar el mundo te parece más chico y entonces los horizontes en la vida se abren; y no hay una verdad más certera que esa.

Estos días, aunque no muy lejos, dejé la ciudad para volar junto con mis papás a la playa y dejar que todo lo que traía sobre mis hombros hiciera una pausa y pudiera simplemente tirarme a ver un mar de tres colores distintos que en cuestión de horas se perdía con el cielo, bajo enormes nubes blancas y una brisa completamente renovadora. Con un horizonte tan gigante que no tiene paralelo con la palabra “extenso”.

Lo “extenso” tiene una gran carga de contenido inhóspito, y la vida es metafóricamente esa amplitud a la que me refiero; no existen fronteras ni fondos de mar cuando se trata de nuestras posibilidades, somos cada uno de nosotros los que nos negamos las visas para librarnos de aquello que nos mantiene en el mismo lugar. Viajé a 75 km/h en una moto acuática a través de un mar calmo, en el que podía gritar de emoción sin vergüenza a que alguien me escuchara, no me reconocí, fui un turista de mi mismo.

Cuando era niño mis papás y mis hermanos decían que Yo no podía disfrutar un viaje, que siempre había algo que me impedía ser feliz lejos del hogar: que si me sentía enojado con mi hermano, que si mis hermanas me molestaban, que estaba enojado con mi papá, que tenía roto el corazón, que si salía del closet, que si tenía dudas de mi vida entera, cualquier cosa me hacía divagar en momentos en los que simplemente tenía que abrir los ojos hasta el límite. Esta vez pude simplemente respirar a través de un tubo mientras miraba cardúmenes coexistir ignorando el mundo entero en el que se encuentran inmersos; me costó trabajo concentrarme para simplemente vivir ese brevísimo instante tan único. No fue la primera vez que los vi pero sin duda fue la primera vez que lo disfruté.

Suelo perder el tiempo en pequeñeces cuando hay tanta magnitud, fuera de parafrasear algo que saldría en cualquier libro de autoayuda, vivir el momento es mucho más que la simple frase. Este momento de mi vida es como estar parado en esa misma orilla en la que estuve hace unos días frente al océano; sin duda viajar te abre los horizontes, conoces lugares que nunca antes imaginaste, te hace abrir los ojos y asombrarte de lo desconocido y aunque mi mamá se refería a viajar a través del mundo, no es equivocado referirse a uno mismo como "ese" sitio por descubrir.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Hoy


El futuro suele aterrarme, pero hoy, el pasado me parece tan distante que prefiero ver sólo para enfrente; a pesar de todo.