La ingenuidad suele ser nuestra peor enemiga en los tiempos de guerra. El gran deseo por ser aceptados devora cualquier amor por nosotros mismos, y aunque peco de sabelotodo, estoy seguro en tener la razón. La soledad y la falta de un guía logra convertirnos en un asustado ratón que busca la salida en un intrincado laberinto.
Los más afortunados nacemos rodeados de planes; los padres están determinados en crear una versión mejorada de ellos mismos, se convierten en nuestro ejemplo y así como "Dios nos hizo a su semejanza", nuestros creadores biológicos nos educan para cumplir sus sueños de una descendencia perfecta, hecho que por lo general termina con grandes desilusiones.
Heme ahí catorce años atrás, tratando de explicarle a mi padre por qué no me gustaba jugar fútbol: delgado, castaño, frágil e ingenuo; naturalmente lo único que se me ocurrió fue decirle la verdad: "no me gusta porque me da asco sudar", y con sólo mencionarlo fue él quien sin moverse empezó a transpirar. ¿Qué pasará en la mente de los padres cuando sus "mini yo" no son lo que ellos pensaban?
En la invención de nuestra personalidad vamos por la vida obteniendo un poco de todo lo que nos parece correcto seguir, nos seducen los fragmentos más atractivos de los que nos rodean, buscamos a alguien que pueda parecerse a nosotros y crear complicidades, amistades y admiraciones. Hace años yo fijé mis ojos en la única referencia gay que no era una peluquera o corista de alguna estrella mediocre como Yuri, estoy hablando de mi tío Julio.
En mi laberinto supuse que sería sencillo identificarme con él; Julio es el malcriado medio hermano de mi padre; fue un niño solitario y caprichoso, estudió en París la mayor parte de su vida y al regresar se había convertido en un atormentado post-adolescente que jugaba a afrancesar todo lo que se le ponía enfrente; sus preferencias sexuales fueron evidenciadas frente a toda la familia en un hecho vergonzoso y que conmocionó a quién estuvo presente; a partir de ese día, recuerdo que no me gustaba tenerlo cerca, probablemente el rechazo radicaba en el miedo de ser desenmascarado de la misma manera en la que tiempo atrás él lo había sido y así pasar a ser un leproso social. Y con los años cumplió con el cliché de los gays nacidos a principio de los 70s y se convirtió en un adicto al que todos le mostraban una sonrisa vacía y palabras llenas de condescendencia.
Julio fue descartado como modelo a seguir, me aterraba siquiera la idea de seguir sus pasos; así que traté de mirar otros pastos mucho más verdes. Mis primos, mis hermanos y todos los que me rodeaban parecían ser perfectos para el trabajo, sin embargo, y con el paso del tiempo me di cuenta que ellos siempre han tenido un destino diferente al mío. Mi vida versaría en caminar yo solo un trecho difícil y lleno de claroscuros.
Como lo he contado, entrar al mundo gay "clase A" de la ciudad fue relativamente sencillo, y con ello tuve acceso a las historias de los que consideraba "mis iguales"; por un tiempo llegué a admirar a algunos y entonces pensé que ese era mi lugar, que debía ocupar un sitio dentro de la intrincada sociedad secreta, donde los apellidos tenían que ser respetados con el más leal de los silencios; pero no hay nada como descubrir que tus nuevos modelos son como plástico con el que hacen carteras de imitación.
Una nueva generación está despertando y aspira a vivir con mayor libertad su sexualidad, sea cual sea; muchos cometemos grandes errores, pero tenemos tiempo para enmendarlos pero, ¿qué se hace cuando eres un newlygay de cuarenta que busca desesperadamente una guía?
Puedo recordar a alguien en específico a quien llamaré "AL K" que por un tiempo me hizo pensar en él como un genuino hombre respetable. Cuando lo conocí hace varios años atrás en Altavista 147, me pareció un flamante hombre maduro que era feliz, sin embargo, el tiempo demostró que nada de lo que él poseía en materia o experiencia en realidad me interesaba. Es un abogado de cuarenta y tres años, divorciado, con un hijo, guapo y puede ser simpático, adora Carolina Herrera y no sería una sorpresa encontrarlo en esa exclusiva plaza del brazo de su madre; AL K de la noche a la mañana se erguía como todo un semental, su vida sexual era variada y contenía nombres interesantes en su "playlist"; su boca se llenaba al presumir con cuántos y cómo se había acostado la semana transcurrida.
Existió el día en que lo consideré mi amigo, me marcaba en las madrugadas para contarme sus males de amor, sus nuevas conquistas; me preguntaba mi opinión sobre ropa o lo que debía hacer con situaciones en específico por las que pasaba, me daba ternura que un hombre de su edad y con sus compromisos se sintiera tan a gusto en fiestas con veinteañeros debutantes y que pudiera divertirse aun cuando no tenía nada en común con esos niños, me intrigaba cómo es que me escuchara para poder aclarar su mente.
Le tomé un cariño que no le tuve a mi tío, porque en su fachada Al K era muy diferente a Julio; le brindé mi amistad y mi confianza; la ingenuidad nos dice mentiras al oído, nos coloca en verdades alternas pero que más tarde siempre resultan muy claras; Al K estaba cerca de mí, decía que me quería y que no tenía un amigo que lo escuchara como yo; y un día de enero supe que él enviaba mensajes sexuales sms a mi ex novio a un mes de haber cortado. Ese era en realidad el hombre con el que había estrechado lazos, ese que tenía una ex esposa acosándolo y un hijo al que cada vez visitaba con menos frecuencia; era él sin máscaras, demostrando su verdadero núcleo. Hace tiempo que no lo veo, pero puedo suponer que sigue frecuentando los mismos antros, hablando con la misma gente y debe estar acostándose con los nuevos ingresos, seguramente reafirma su status de Macho Alfa con sus conocidos para que todos los días se diga a si mismo lo masculino que es a pesar de sus preferencias sexuales; a pesar de haber sido desenmascarado por su esposa a través de su cuenta en Facebook. Hoy, cuando pienso en él, me da tristeza y quizá peco de "sabelotodo" pero estoy seguro que terminará tan solo como alguna vez me contó que se sentía.
Mi tío Julio se rehabilitó finalmente a sus casi 40, hoy es vegetariano y Budhista, se va cada mes de retiro a Tepoztlán con sus nuevos amigos; cree en el amor verdadero; suele hacerme plática en messenger y aunque no es mi persona favorita todavía siento más tolerancia hacia él. Dice que quiere hacerse guía de turistas o algo así.
La ventaja de estar en el laberinto de la vida es que con el tiempo logras aprenderte el camino, logras encontrar atajos y un día encuentras la salida. Las proyecciones que hacemos en los demás simplemente sirven para crear esperanzas superficiales, soluciones momentáneas, pues no importa que tan buenas sean las intenciones cuando alguien más es quien tiene que tomar su propio camino. Sé que mis padres hubieran estado más tranquilos de haber sido heterosexual, de haber sido el ejemplo perfecto para mis sobrinos, pero el caso es que no es así.
Hoy ya no soy aquel asustado que trataba de buscar por todos lados para encontrar una mirada con quién identificarse, dejé de buscar en las personas equivocadas algo de complicidad, el laberinto me reunió con unos pocos a los que admiro, mis amados, mis queridos mejores amigos.
Los más afortunados nacemos rodeados de planes; los padres están determinados en crear una versión mejorada de ellos mismos, se convierten en nuestro ejemplo y así como "Dios nos hizo a su semejanza", nuestros creadores biológicos nos educan para cumplir sus sueños de una descendencia perfecta, hecho que por lo general termina con grandes desilusiones.
Heme ahí catorce años atrás, tratando de explicarle a mi padre por qué no me gustaba jugar fútbol: delgado, castaño, frágil e ingenuo; naturalmente lo único que se me ocurrió fue decirle la verdad: "no me gusta porque me da asco sudar", y con sólo mencionarlo fue él quien sin moverse empezó a transpirar. ¿Qué pasará en la mente de los padres cuando sus "mini yo" no son lo que ellos pensaban?
En la invención de nuestra personalidad vamos por la vida obteniendo un poco de todo lo que nos parece correcto seguir, nos seducen los fragmentos más atractivos de los que nos rodean, buscamos a alguien que pueda parecerse a nosotros y crear complicidades, amistades y admiraciones. Hace años yo fijé mis ojos en la única referencia gay que no era una peluquera o corista de alguna estrella mediocre como Yuri, estoy hablando de mi tío Julio.
En mi laberinto supuse que sería sencillo identificarme con él; Julio es el malcriado medio hermano de mi padre; fue un niño solitario y caprichoso, estudió en París la mayor parte de su vida y al regresar se había convertido en un atormentado post-adolescente que jugaba a afrancesar todo lo que se le ponía enfrente; sus preferencias sexuales fueron evidenciadas frente a toda la familia en un hecho vergonzoso y que conmocionó a quién estuvo presente; a partir de ese día, recuerdo que no me gustaba tenerlo cerca, probablemente el rechazo radicaba en el miedo de ser desenmascarado de la misma manera en la que tiempo atrás él lo había sido y así pasar a ser un leproso social. Y con los años cumplió con el cliché de los gays nacidos a principio de los 70s y se convirtió en un adicto al que todos le mostraban una sonrisa vacía y palabras llenas de condescendencia.
Julio fue descartado como modelo a seguir, me aterraba siquiera la idea de seguir sus pasos; así que traté de mirar otros pastos mucho más verdes. Mis primos, mis hermanos y todos los que me rodeaban parecían ser perfectos para el trabajo, sin embargo, y con el paso del tiempo me di cuenta que ellos siempre han tenido un destino diferente al mío. Mi vida versaría en caminar yo solo un trecho difícil y lleno de claroscuros.
Como lo he contado, entrar al mundo gay "clase A" de la ciudad fue relativamente sencillo, y con ello tuve acceso a las historias de los que consideraba "mis iguales"; por un tiempo llegué a admirar a algunos y entonces pensé que ese era mi lugar, que debía ocupar un sitio dentro de la intrincada sociedad secreta, donde los apellidos tenían que ser respetados con el más leal de los silencios; pero no hay nada como descubrir que tus nuevos modelos son como plástico con el que hacen carteras de imitación.
Una nueva generación está despertando y aspira a vivir con mayor libertad su sexualidad, sea cual sea; muchos cometemos grandes errores, pero tenemos tiempo para enmendarlos pero, ¿qué se hace cuando eres un newlygay de cuarenta que busca desesperadamente una guía?
Puedo recordar a alguien en específico a quien llamaré "AL K" que por un tiempo me hizo pensar en él como un genuino hombre respetable. Cuando lo conocí hace varios años atrás en Altavista 147, me pareció un flamante hombre maduro que era feliz, sin embargo, el tiempo demostró que nada de lo que él poseía en materia o experiencia en realidad me interesaba. Es un abogado de cuarenta y tres años, divorciado, con un hijo, guapo y puede ser simpático, adora Carolina Herrera y no sería una sorpresa encontrarlo en esa exclusiva plaza del brazo de su madre; AL K de la noche a la mañana se erguía como todo un semental, su vida sexual era variada y contenía nombres interesantes en su "playlist"; su boca se llenaba al presumir con cuántos y cómo se había acostado la semana transcurrida.
Existió el día en que lo consideré mi amigo, me marcaba en las madrugadas para contarme sus males de amor, sus nuevas conquistas; me preguntaba mi opinión sobre ropa o lo que debía hacer con situaciones en específico por las que pasaba, me daba ternura que un hombre de su edad y con sus compromisos se sintiera tan a gusto en fiestas con veinteañeros debutantes y que pudiera divertirse aun cuando no tenía nada en común con esos niños, me intrigaba cómo es que me escuchara para poder aclarar su mente.
Le tomé un cariño que no le tuve a mi tío, porque en su fachada Al K era muy diferente a Julio; le brindé mi amistad y mi confianza; la ingenuidad nos dice mentiras al oído, nos coloca en verdades alternas pero que más tarde siempre resultan muy claras; Al K estaba cerca de mí, decía que me quería y que no tenía un amigo que lo escuchara como yo; y un día de enero supe que él enviaba mensajes sexuales sms a mi ex novio a un mes de haber cortado. Ese era en realidad el hombre con el que había estrechado lazos, ese que tenía una ex esposa acosándolo y un hijo al que cada vez visitaba con menos frecuencia; era él sin máscaras, demostrando su verdadero núcleo. Hace tiempo que no lo veo, pero puedo suponer que sigue frecuentando los mismos antros, hablando con la misma gente y debe estar acostándose con los nuevos ingresos, seguramente reafirma su status de Macho Alfa con sus conocidos para que todos los días se diga a si mismo lo masculino que es a pesar de sus preferencias sexuales; a pesar de haber sido desenmascarado por su esposa a través de su cuenta en Facebook. Hoy, cuando pienso en él, me da tristeza y quizá peco de "sabelotodo" pero estoy seguro que terminará tan solo como alguna vez me contó que se sentía.
Mi tío Julio se rehabilitó finalmente a sus casi 40, hoy es vegetariano y Budhista, se va cada mes de retiro a Tepoztlán con sus nuevos amigos; cree en el amor verdadero; suele hacerme plática en messenger y aunque no es mi persona favorita todavía siento más tolerancia hacia él. Dice que quiere hacerse guía de turistas o algo así.
La ventaja de estar en el laberinto de la vida es que con el tiempo logras aprenderte el camino, logras encontrar atajos y un día encuentras la salida. Las proyecciones que hacemos en los demás simplemente sirven para crear esperanzas superficiales, soluciones momentáneas, pues no importa que tan buenas sean las intenciones cuando alguien más es quien tiene que tomar su propio camino. Sé que mis padres hubieran estado más tranquilos de haber sido heterosexual, de haber sido el ejemplo perfecto para mis sobrinos, pero el caso es que no es así.
Hoy ya no soy aquel asustado que trataba de buscar por todos lados para encontrar una mirada con quién identificarse, dejé de buscar en las personas equivocadas algo de complicidad, el laberinto me reunió con unos pocos a los que admiro, mis amados, mis queridos mejores amigos.
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