¿Alguna vez les ha pasado que regresan a un lugar que solían conocer y al llegar lo ven pequeño, poco interesante y te preguntas por qué cuando eras niño lo creías inmenso y espectacular? Apuesto a que sí.
El viernes me encontraba lejos de mi casa y por segunda vez visitaría el antro Gay más nuevo de la ciudad, y no es muy original o trendy, no te encuentras gente diferente a la que se suele ver cada fin de semana, pero por mucho dista kilómetros del choteadísimo Lipstick; escribo, naturalmente del Envy, que en años bugas se hacía llamar Hindoo, y que, en sus buenos tiempos congregaba a lo mejor del mundo fiestero fresa de la ciudad.
Desde días atrás tenía pensado ir, primero porque uno de mis nuevos amigos celebraría su cumpleaños y segundo por Mariana, una de mis amigas más cercanas y asidua a lugares gay y es que aun en pleno uso de sus facultades heterosexuales, disfruta como pocos nuestras fiestas. Llegamos y parecía estar viviendo lo mismo que una semana atrás aunque cada vez son más guapos, lo acepto; entré y saludé a un par de conocidos, estuve un rato en la mesa del cumpleañero y todo parecía normal.
Es difícil recrear el momento, pero mientras estaba en la barra, un viejo conocido se acercó para presentarme a su nueva conquista, justo cuando la gente y el mood eran uno de los más divertidos, lo vi por primera vez en carne y hueso, siempre fue una leyenda, siempre me pareció perfecto, sé demasiado de él y para mí, su recuerdo era indestructible, justo frente a mis ojos viví en carne propia el dicho “el mundo es un pañuelo”.
El destino me ponía por primera vez frente a frente con Diego, el ex de mi ex. Hoy no contaré la historia de mi primer amor, no hay tiempo para contar todas mis equivocaciones y omisiones. Lo saludé con toda naturalidad, en ese momento pretendí no saber nada de él, como si mi cerebro hubiese suprimido su nombre y los lazos que tenemos entre nosotros; tiene buen tipo, es guapo, no puedo negarlo, pero en ese momento no me sentía indefenso como solía sucederme, cuando mi ex hablaba embelezado de Diego; quizá eran los tres caballitos de tequila que ya tenía dentro.
Diego platicó cinco escasos, pero eternos, minutos de cualquier cosa; él no sabe quién soy, ni mi historia, ni el amor que toda la vida le tuvo mi ex aun cuando estaba conmigo, ni siquiera recuerdo lo que dije, quizá eran los tres caballitos que ya tenía dentro. Cuando se marcharon tuve que ir al baño, en el camino mil flashes regresaron a mi memoria, desde la primera vez que oí hablar de él, las veces que traté por todos los medios ser mejor que una persona que no conocía, los días en los que rabiaba de celos al oir todas sus historias, las noches en las que investigaba en su facebook y trataba de ver en qué yo lo superaba, las madrugadas en las que me preguntaba ¿Qué tiene tan especial? ¿Por qué no puedo ser tan grande como él?, definitivamente estaba enamorado y era un poco infantil, lo sé.
Estando en el baño, lavando mis manos, y aun con una cabeza llena de pensamientos salí y me senté en una banca que tienen en uno de los pasillos y me di cuenta que Diego, el verdadero, el de carne y hueso, el gran amor de mi ex, era simplemente uno más, era aquél que había jugado con él y que le había dejado un hueco en el pecho, era ese mismo que había hecho del primer amor de mi vida la persona que más tristeza me causó; en ese momento sentí como un terremoto dentro de mi cabeza, quizá eran los tres caballitos de tequila que ya tenía dentro, o quizá fue que las lecciones, el tiempo y la vida me han puesto en un nuevo lugar en el que las cosas se ven tal y como son en realidad; porque hoy nunca es como ayer, porque el cliché “todo pasa por algo” es cierto y el tiempo cura todas las heridas, incluso las que se pensaban hondas y permanentes.
Diego no es más un enigma para mí, me quité el gran misterio de su existencia; me di cuenta que estoy listo para nuevas cosas. Salí de ahí tras un terremoto mental, y a pesar de que Rodas y el Envy están en tiempos y latitudes distantes, esa noche otro Coloso innecesario había caído.
No hay comentarios:
Publicar un comentario