domingo, 14 de septiembre de 2008

Debutantes y Mutantes

¿Es la madurez el regalo de consolación por perder la juventud? o ¿Es la juventud una cualidad superflua que se quita gracias al tiempo y la experiencia?

Septiembre inició con más fuerza que los meses pasados, supongo que habían muchos planes pactados con anterioridad que debían empezar tan pronto como el uno de este mes entrara en el calendario. Yo lo comencé poniendo un pie en un edificio gubernamental, ¿el propósito? tener trabajo. Perfectamente bien peinado, oliendo increíble y enfundado en mi mejor traje, entré decidido a impresionar a quién se me pusiera enfrente; aun cuando sabía que el puesto ya era mío tenía ganas de que se notara que me lo merezco.


Gentil y con ganas de adaptarme, cedía el paso, saludaba aun cuando nunca recibí una respuesta, daba los buenos días y me sentí como Ally McBeal entrando en Cage & Fish, hasta qué el piso tembló y fue cuando de pronto me encontré en medio de un enjambre de burócratas que regresaban tarde de sus 45 minutos de comida. Llevado por la inercia de sus trajes color ocre y zapatos imitación de piel de cocodrilo, entré a uno de los seis ascensores junto con 15 trabajadores extras y ni uno más, pues por seguridad solo se debe cargar una tonelada y 200 kilos, sin embargo, temía por la estabilidad del aparato, pues era probable, que Ángeles, la dulce asistente de mi jefe, y quien durante toda la semana no pudo aprenderse mi nombre, puede que exceda el peso preestablecido para cada persona.


Al llegar al piso número 14, un poco despeinado, acalorado y oliendo entre Soul y Patchouli, me entrevisté con el que hoy es mi jefe, ya lo conocía de tiempo atrás, es un buen amigo de mi hermano, es joven y muy simpático, hablamos 35 minutos y me contó sobre lo que quiere de mí en el nuevo puesto que me fue encargado, la primera asignatura fue presentarme ante mi nuevo equipo de trabajo, y aunque sé que no hay lugar para la duda, no son glamourosos y como lo esperaba me veían como una clase de mutante ; y aunque mis nuevos compañeros de trabajo no lo demostraron, todos me miraban como "llegó el recomendado, inexperto y super principiante", con escuetas sonrisas y forzadas frases como "bienvenido", "estamos para servirle" me recibieron.. Ya en mi oficina, polvosa y poco cuidada me pregunté si en realidad merecía estar al frente de un grupo de personas, pero sobretodo, ¿estaré preparado para una responsabilidad a pesar de no tener experiencia?.

Tras una semana de aguantar pocos saludos y aclarar mi nombre en decenas de ocasiones, el viernes, por fin, llegó y aunque había mala recepción en el elevador recibí un mensaje de mi amigo Ernesto, como cada viernes iríamos a Envy. Al estarme preparando para salir sentía que los Converse me quedaban mejor que cualquier otro par de zapatos que usé en la semana. Al entrar al lugar en cuestión, ubicado en el Penthouse de un edificio en Antonio Dovali se puede ver cualquier cantidad de variedad de estilos, clases y actitudes; me encontré con mis tres introductores al fascinante mundo homosexual, mis amigos José, Ernesto y Daniel, tras saludarlos me percaté que especialmente ese día habían congregados los dos polos más opuestos y apuestos del ambiente, los interesantes maduros chupa juventud y los insípidos newlygays. Y fue durante alguna canción noventera y "hasta mañana corazón" cuando a la mesa, se acercó un newly que ya era cara conocida, pues íbamos juntos al colegio siendo yo mayor que él por cinco años.


Lo llamaré Claudio, y debo decir que es un niño bueno y no es feo, solo que debe utilizar bien la ropa y los accesorios, aunque supongo que con el tiempo lo aprenderá, después de todo es un debutante. Me saludó efusivamente, quizá como nunca nadie, jamás me había saludado, yo le regresé el saludo, aun cuando su emoción me fuera por completo desconcertante; mientras estaba ahí me platicaba un poco de como era su vida actualmente, y a pesar de que nunca me sentí conectado o reflejado en su realidad, Claudio me recordó cuando yo tenía su edad, 17 años; en ese instante me enteré de lo que estudia y de lo que quiere estudiar, que un amigo en común tiene intensiones serias con él, pero no sabe qué hacer, pues él quiere con alguien más, y que siente que "necesita darle un giro por completo a su vida", como si a esa edad hiciera falta empezar de nuevo, pero yo lo pensé tambien en algun momento de mi adolescencia, así que de alguna manera quise entenderlo, probablemente sentí cierta empatía, por su edad y su ingenua manera de querer ser maduro.

Minutos más tarde arrivó mi debutante favorito: Lorenzo, bajé por él y regersamos hasta el tumultuoso barullo de Envy; y aunque mi atención parecía pertenecerle a Lorenzo, Claudio trataba con todas su fuerzas llamar nuestros cinco sentidos a cualquier acción; lo dulce y simpático que me había parecido horas atrás se le había quitado, como si el vodka lo hubiera transformado en una especie de mutante acechador de atención, bailaba como si estuviera bajo las influencias de una droga compuesta por estrógeno y azúcar, nos tomaba de la mano para forzarnos a hablar con él, actuando en lo que bien pudo ser la crónica de un acoso sexual profesional, en fin, muchas acciones que me confirmaron que a veces la juventud no siempre es la mejor carta de presentación. Dieron las cuatro de la mañana y con esto la hora de marcharnos, no sin antes ir al baño. En el camino me volví a encontrar a Claudio que ya había entablado faje con un hombre que por lo menos le doblaba la edad y que es muy bien conocido en el ambiente pues está casado y gusta por los jóvenes debutantes; yo reí aunque le recomendé dejarlo, a lo que él se negó, sin embargo, cinco minutos más tarde y al salir del baño, el adolescente estaba en el mood más agrio del mundo, pues al parecer en algún momento entre mi vejiga llena y "aquí hay una toalla para que seque sus manos señor", el treinton ya había encontrado un nuevo juguete con quien estar esa noche y había despechado al joven debutante; hablé con él mis últimos minutos dentro de Envy y como si fuera un niño de cinco años Claudio hacía rabietas y yo le aseguré que lo sucedido había sido lo mejor que pudo haber pasado, en un aire de autosuficiencia se excusó asegurando que se había equivocado por sus ganas de estar con él, yo preferí no decir nada, quizá porque alguna vez mi arrebato me hizo cometer esos mismos errores, asi que preferí despedirme de él y tras eso salí de Envy junto con Lorenzo.


Dentro del coche de Lorenzo y camino al mío hablábamos de estos meses desde aquel primer día, y debo confesar que hace semanas que al besarlo siento que quisiera hacerlo durante toda la vida; nos besamos y fue ahí que quizá llevado por el momento le pedí que fuéramos novios, él me miró con sus grandes ojos color miel y nervioso me dijo que no, lo que me sorprendió y no pude evitar sentirme el tipo más idiota del mundo; Lorenzo me pidió esperar, al parecer no está preparado para algo así. No pude evitar sentirme desilusionado. Me dijo que me quería, pero que lo esperara. Desconcertado me despedí de él con un beso y cada quien tomó camino a su casa.


A la mañana siguiente pensé en si realmente había sido momento correcto para pedirle que fuera mi novio, quizá fue arrebatado, ¿Por qué no podemos ser inteligentes y jóvenes a la vez? sin dar una cosa por la otra...Lorenzo no está listo, así como yo no lo estaba hasta hace poco, y aunque lo entiendo no puedo dejar de pensar en lo que yo quiero y en lo que necesito; más tarde ese día recibí un mensaje de él diciendo que me extrañaba, así que nos vimos para comer, platicando me confesó que él quería algo parecido a un noviazgo conmigo pero que su inexperiencia lo hacía cuestionarse sobre el funcionamiento de una relación entre dos hombres, en su familia y en su futuro; tras eso hubo minutos de silencio que parecieron horas, llegó la cuenta, la dividimos en dos y salimos a caminar, sin hablar... bueno, él trataba de hablar y yo trataba de oírlo, aun cuando a la mente se me venían cualquier cantidad de pensamientos; volví a sentirme inexperto, tonto, pero tras eso me di cuenta que dejé de ser aquel adolescente de 17 años que trataba de encontrar respuestas inmediatas, que prefería terminar ahogado de alcohol antes de enfrentar realmente sus problemas, y que buscaba la satisfacción instantánea, aquel que rabiaba si las cosas no salían tal y como las quería. Y como con una laguna de lucidez concluí que si él me quiere y yo también supongo que puedo esperar al día que esté listo; sonreí y muy cerca a la Iglesia de San Agustín, donde hace más de 17 años me bautizaron decidí que las falta de respuestas inmediatas no me harían perder una oportunidad. Que mis ímpetus también estan ligados a la razón y no solo a un arrebato de novel pasión; decidimos no hablar de noviazgos ni de compromisos, decidimos seguir viviendo lo que iniciamos hace un par de meses, decidimos que el tiempo dirá lo que somos; decidí tomar algo de las lecciones que he aprendido desde que inicié en lo que algunos llaman madurez mental.


El joven Claudio entró a mi lista de contactos en messenger, y solemos platicar desde aquel día en Envy, es interesante hablar con él cuando no está bajo las influencias del vodka, me di cuenta que es inteligente, solo que le hace falta saber un poco más de accesorios y de su propia autoestima; pues es probable que cuando somos jóvenes e inexpertos lo basamos todo en nuestra apariencia y edad, en nuestro presente inemdiato; queremos ser rockstars cuando en realidad no sabemos ni cantar, quizá por eso a algunos nos parecen tan atractivos los maduros, pues a pesar de no tener la juventud que nosotros sí, saben utilizar a perfección sus años, saben que cada quién se construye con el tiempo y que son las primeras etapas de la vida las que nos detienen el resto de nuestros días, supongo que aun me faltan varios años para construir mis cimientos, sé que me equivocaré muchas veces más, pero supongo también que trataré de ver las cosas con cierta filosofía para que así mi juventud no sea mi detractor y sí mi aliado.


La semana volvió a iniciar y regresé a mi trabajo, siendo esta vez el doble de amable, y adivinen... a diferencia de la primera vez, ahora me regresaron los buenos días, me cedieron el paso, dejaron de verme como una clase de engendro e incluso se aprendieron mi nombre en menos de lo que me imaginé. Sobre mi estatus de soltería preferiría utilizar el término "Its complicated", porque aun cuando sigo soltero, sé que hay alguien que ocupa mi corazón y mi mente, pero sobre todo sé que hay un corazón que por igual tiene un lugar para mí.

4 comentarios:

Arturo Loría | Velvet Boy dijo...

Diooooooooooooos...

Escribimos igual, jajaja, chido blog!

Arturo Loría | Velvet Boy dijo...

Het, tienes messenger?

Blogger dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
AG1985 dijo...

alojo02