viernes, 19 de febrero de 2010

Yo Confieso

El domingo antes de dar a luz a su segundo hijo, mi hermana, nos confesó en medio de la comida que tenía miedo, que aunque no era la primera vez ahora sentía algo que solo podía describir como miedo, a morir, a que algo saliera mal, a no ver a sus hijos, a dejarlos solos. Aunque el momento que relato fue más relajado de lo que describo todo el mundo asintió y le sonreímos.


El lunes había nacido mi segundo sobrino, pequeño, rosa, indefenso, hermoso, es el segundo bebé de la familia y todos los reflectores se voltearon hacia él y es que confieso que siempre hemos sentido una fascinación hacia las nuevas vidas, hacia los nuevos; mis papás, mis hermanos y mi familia entera se maravilla ante la llegada de alguien nuevo. Yo confieso que el día que mi segundo sobrino nació me sentí feliz, me sentí lleno de un sentimiento que hace semanas no sentía, creo que dejé de tener miedo.


Yo confieso que mi ruptura fue más difícil de lo que pensé, confieso que lloré más de lo que creí, confieso que me enojé más de lo que pronostiqué, y confieso que tuve mucho miedo; miedo a sentirme solo, a extrañarlo, al día que lo volveré a ver, a saber de su vida por chismes que dice la gente. Confieso que lo extraño, confieso que lo sueño, pero también confieso que quiero olvidarlo.


Mi sobrino llegó a un nuevo mundo, se creó de la nada y hoy es tangible como la vida misma, hace 34 semanas él solo era un proyecto pero hoy duerme junto a sus padres. La vida siempre nos da oportunidades para iniciar o reiniciar, la vida nos da la oportunidad de nacer. Lorenzo, en su última platica conmigo me dijo que tenía que superarlo, que tenía que olvidarlo y que tenía que seguir con mi vida, que tuviera proyectos, admito que tiene razón.


Siempre se puede renacer, empezar de nuevo y confieso que eso me emociona.

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