(Originalmente escrito para www.150grados.blogspot.com)
MARTES 30 DE MARZO DE 2010
Vivir con el corazón roto, con un recuerdo constante y un vacío crónico puede llevar hasta al más fuerte a una debilidad continua; al ingreso de una rutina desgastante, monótona; un círculo vicioso que nos hace preguntarnos ¿Quiénes somos? o si en realidad nos convertimos en lo que nuestra dolida mente nos dice, y nos cuesta trabajo pensar en cómo éramos cuando el amor estaba a nuestro favor.
Las madrugadas son largas cuando la mente juega con su poderoso archivo de recuerdos, nos hace soñar y nos perfora el estomago con recuerdos generados y transformados. Despertar en medio de la noche y darse cuenta que nada de lo que sucedió mientras dormía ocurrió, me hace dar vueltas hasta que el sol sale de nuevo.
Mientras manejaba al gimnasio, ese mismo en el que me metí para cambiar parte de mi vida y ordenarla, pensaba en todas las semanas, en los días y noches que he recordado sin parar, que he fantaseado, e incluso, pienso esos momentos en los que me he torturado con algo de lo que estoy en proceso de terminar, para así poder resucitar de mi pasado y continuar con lo que vivía antes de conocerlo.
Los ex amores nos dejan aprendizajes, el mío lo hizo en muchos niveles, me cambió, por eso reprocho al pasado; reprocho mi ceguera temporal, la misma que al irse me aclaró todo los errores cometidos. A 10 Km/hr, trotando en la caminadora y con Felipe, mi mejor amigo, a lado le cuento mi último sueño, el más reciente en el que "el ex" aparece; y al terminar de hablar y darme cuenta de mis palabras llegué a la conclusión de que conforme pasa el tiempo, la imagen de mi ex se ha santificado, de tal manera que no importa lo que en realidad sucedió, parecer ser que lo he reescrito para que el dolor sea continuo y fluya como un vendaval eterno en donde refugiarme.
¿Soy aquel que puede pasar años sin olvidar, viviendo de su pasado? ¿Mi capacidad de reinvención terminó así de simple? me preguntaba mientras me veía en el espejo de la visera del coche; soy un conductor descuidado, no puedo evitarlo. Lo cierto es que aun hoy estoy enganchado con mis errores, con mi poca tolerancia a los errores.
He tratado de cambiar todo lo que pueda recordármelo, he extralimitado mis capacidades para que el hoy nada se parezca al ayer; incluso mi cama es nueva; me duele no soportar los recuerdos; me duele darme cuenta de todo lo que he cambiado en 4 meses y anhelar que él conozca en lo que me he convertido, porque en este momento no importa cuánto logre hay días que simplemente me siento en un hueco, anhelando un tiempo que hoy miro perfecto, pero que no lo era. Puedo escribir horas sobre lo que siento, y sobre lo que recuerdo, no importa dónde mire, o qué coma, o qué hable, siempre habrá algo que me haga pensar, siempre habrá algo que corte de tajo mi sonrisa.
¿Cuándo es suficiente?¿Cuándo estaré convencido de lo que todo el mundo me aconseja que haga? ¿Cuándo dejaré de recordar con este reproche al hombre que Santifiqué de la noche a la mañana? ¿Cuándo dejaré de pensar en ti?
Honestamente me he rendido a meter el acelerador, me declaro harto de querer conocer a alguien que me pueda hacer olvidarlo, pues siempre que lo intento me parece más inútil, más absurdo y menos convincente. El libro de la Biblia dice que Jesús resucitó a los tres días, y pienso que quizá yo voy en mi segundo día; creo en la resurrección, creo que el pasado que hoy me hace sentir una chinche un día simplemente me hará sonreír. Creo que un día simplemente dejará de doler, no sé bien cuándo, ni cómo. Pero espero que sea pronto.
Mi vida está en la época "Jesús-Berlín 89", la nombré hoy porque creo que estoy en el proceso de regresar al juego, conseguí un nuevo trabajo, mucho mejor que el actual, conseguí salirme con pocos rasguños de un mundo gay inmundo, conseguí convencer a mis papás de mi credibilidad, conseguí recuperar la convivencia con mi familia, conseguí reducir mi cantidad de amigos para quedarme con los más valiosos, conseguí tener una nueva disciplina de vida a algo más sano e inteligente, lo conseguí pero aun no estoy orgulloso de ello, pues nada me hace sentir libre de mi pasado.
Bienvenidos a 150 Grados, mi nuevo blog, espero que me lean; sé que no soy lo más positivo, pero de eso se trata resucitar y cambiar, de procesos que solo el tiempo pueden concluir de manera sabia y poderosa.
AG.
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