Últimamente mi vida se ha adaptado con una relativa sencillez a la rutina diaria de despertar temprano, cuando el sol apenas sale y el mundo empieza a operar; con el amado estrés de la ciudad puedo encontrar un espacio completo de relajación en el trayecto comprendido entre mi casa y la oficina.
Un día hace un par de semanas, en el mencionado espacio que sólo concierne a mi persona y a mi ipod, entre el nuevo single de Maximum Balloon y el Ángeles del Pedregal mi Blackberry sonó, me avisaba la llegada de un correo de uno de mis mejores amigos, al que hace unos meses nombraba en mi blog como Alberto.
Él suele hacer eso, enviar información, de todo tipo: política, religiosa o simplemente para hacernos reír; en ese mail venía incrustado el enlace para poder tener acceso a la columna de un ex compañero de escuela suyo llamado Genaro Lozano.
Articulista del periódico El Universal, estudió en el ITAM, y el 11 de septiembre de este año publicaron la columna que titula "Caireles de niña" en la que habla sobre el "bullyng" o abuso en las escuelas. Nunca había leído la columna de Lozano, ni sabía de su existencia, el tema no era nuevo para mí, días atrás lo había platicado en una cena con mi grupo de amigos, en fin, el abuso en las escuelas era un tema que tenía fresco en la mente y sobretodo en las entrañas de mi superficial y castaña cabeza.
Lozano logró que me trasladara a un momento y una época que yo hacía mucho tiempo había enterrado, una época que marcó mi vida. Nunca fui popular, ni tuve muchos amigos, huí de una escuela de puros hombres y nunca estuve presente en los eventos sociales de donde me gradué. Hace muchos años yo fui uno de esos a los que los niños molestaba por ser "rarito" y "anormal" porque "no me adaptaba" según mis profesores, "porque no lograba ser como los demás"; me ponían apodos, me hacían sudar de miedo, lograban que ir al baño fuera un momento de estrés tan grande que mi cuerpo se acostumbró a no hacerlo durante las horas de escuela. Participar en clase era un martirio que prefería evitar; incluso mis habilidades deportivas prefería mantenerlas ocultas y parecer torpe a ser el hazme reír.
-Maricón, muerde almohadas, mana, reina, preciosa, mayate, nena, jotito, puto, loca, marica-
La escuela fue siempre un sitio al que despreciaba; mis compañeros eran crueles, pero era peor la indiferencia de los adultos, era criminal la manera en la que cerraban los ojos ante lo evidente; escondía la verdad en mi casa pues siempre me avergonzó que mis papás se enteraran de que hasta el zángano más limitado podía hacerme pomada con sólo quererlo.
Pero un día simplemente se me fui de ahí y sin mayor trámite lo enterré; no soy amigo de ninguno de ellos, no los tengo en Facebook y me duele el estómago cada vez que los recuerdo, no voy a las comidas de reunión ni les deseo el bien, ni el mal, vaya. Genaro Lozano habló de un tema que me marcó en la infancia, y que al parecer nadie considera trascendental, pero siendo el adulto que soy no puedo estar más en contra. Nadie es perfecto, nadie lo fue ni lo será. Los que me molestaban no eran lindos ni muy brillantes, varios venían de hogares rotos y no tenían nada por qué sentirse orgullosos; hoy esos mismos son adultos que se fotografían ahogados en alcohol, y se han puesto más feos y gordos, están metidos en broncas que yo nunca tendré y siguen siendo la basura que siempre fueron.
Cuando era niño y pensaba en la soledad de mi recamara, cerraba los ojos y recuerdo que con una fe ciega pedía ser como los demás, como ellos, los que me molestaban; lo pedía con tanto fervor... pero afortunadamente eso nunca pasó.
La vida que a cada uno le toca es sin duda un desafío, ser gay es simplemente una característica más dentro del gran número que me definen. Y aunque todo eso me hizo más fuerte y con el tiempo pude reinventarme, ese pasado sigue muy dentro. Y me declaro culpable de ser prejuicioso y malvado a la hora de calificar a alguien que no me gusta; quizá es un primitivo sistema de auto defensa, supongo que tengo que recordar esos días en los que prefería quedarme en el salón durante los recreos.
Y como yo, existen miles de niños que hoy siguen siendo abusados, que se preguntan qué hay malo dentro de ellos, que no saben por qué la gente les tiene tanto rechazo; ojalá un día ellos también logren enterrar esos tiempos y ayuden a que en el futuro la ignorancia y crueldad sean motivo de castigo y desprestigio social.
Genaro Lozano escribió algo que espero se convierta en una voz tan fuerte que todo el mundo pueda oírla.
Si quieren saber más del columnista síganlo a través de Twitter @genarolozano.
Un día hace un par de semanas, en el mencionado espacio que sólo concierne a mi persona y a mi ipod, entre el nuevo single de Maximum Balloon y el Ángeles del Pedregal mi Blackberry sonó, me avisaba la llegada de un correo de uno de mis mejores amigos, al que hace unos meses nombraba en mi blog como Alberto.
Él suele hacer eso, enviar información, de todo tipo: política, religiosa o simplemente para hacernos reír; en ese mail venía incrustado el enlace para poder tener acceso a la columna de un ex compañero de escuela suyo llamado Genaro Lozano.
Articulista del periódico El Universal, estudió en el ITAM, y el 11 de septiembre de este año publicaron la columna que titula "Caireles de niña" en la que habla sobre el "bullyng" o abuso en las escuelas. Nunca había leído la columna de Lozano, ni sabía de su existencia, el tema no era nuevo para mí, días atrás lo había platicado en una cena con mi grupo de amigos, en fin, el abuso en las escuelas era un tema que tenía fresco en la mente y sobretodo en las entrañas de mi superficial y castaña cabeza.
Lozano logró que me trasladara a un momento y una época que yo hacía mucho tiempo había enterrado, una época que marcó mi vida. Nunca fui popular, ni tuve muchos amigos, huí de una escuela de puros hombres y nunca estuve presente en los eventos sociales de donde me gradué. Hace muchos años yo fui uno de esos a los que los niños molestaba por ser "rarito" y "anormal" porque "no me adaptaba" según mis profesores, "porque no lograba ser como los demás"; me ponían apodos, me hacían sudar de miedo, lograban que ir al baño fuera un momento de estrés tan grande que mi cuerpo se acostumbró a no hacerlo durante las horas de escuela. Participar en clase era un martirio que prefería evitar; incluso mis habilidades deportivas prefería mantenerlas ocultas y parecer torpe a ser el hazme reír.
-Maricón, muerde almohadas, mana, reina, preciosa, mayate, nena, jotito, puto, loca, marica-
La escuela fue siempre un sitio al que despreciaba; mis compañeros eran crueles, pero era peor la indiferencia de los adultos, era criminal la manera en la que cerraban los ojos ante lo evidente; escondía la verdad en mi casa pues siempre me avergonzó que mis papás se enteraran de que hasta el zángano más limitado podía hacerme pomada con sólo quererlo.
Pero un día simplemente se me fui de ahí y sin mayor trámite lo enterré; no soy amigo de ninguno de ellos, no los tengo en Facebook y me duele el estómago cada vez que los recuerdo, no voy a las comidas de reunión ni les deseo el bien, ni el mal, vaya. Genaro Lozano habló de un tema que me marcó en la infancia, y que al parecer nadie considera trascendental, pero siendo el adulto que soy no puedo estar más en contra. Nadie es perfecto, nadie lo fue ni lo será. Los que me molestaban no eran lindos ni muy brillantes, varios venían de hogares rotos y no tenían nada por qué sentirse orgullosos; hoy esos mismos son adultos que se fotografían ahogados en alcohol, y se han puesto más feos y gordos, están metidos en broncas que yo nunca tendré y siguen siendo la basura que siempre fueron.
Cuando era niño y pensaba en la soledad de mi recamara, cerraba los ojos y recuerdo que con una fe ciega pedía ser como los demás, como ellos, los que me molestaban; lo pedía con tanto fervor... pero afortunadamente eso nunca pasó.
La vida que a cada uno le toca es sin duda un desafío, ser gay es simplemente una característica más dentro del gran número que me definen. Y aunque todo eso me hizo más fuerte y con el tiempo pude reinventarme, ese pasado sigue muy dentro. Y me declaro culpable de ser prejuicioso y malvado a la hora de calificar a alguien que no me gusta; quizá es un primitivo sistema de auto defensa, supongo que tengo que recordar esos días en los que prefería quedarme en el salón durante los recreos.
Y como yo, existen miles de niños que hoy siguen siendo abusados, que se preguntan qué hay malo dentro de ellos, que no saben por qué la gente les tiene tanto rechazo; ojalá un día ellos también logren enterrar esos tiempos y ayuden a que en el futuro la ignorancia y crueldad sean motivo de castigo y desprestigio social.
Genaro Lozano escribió algo que espero se convierta en una voz tan fuerte que todo el mundo pueda oírla.
Si quieren saber más del columnista síganlo a través de Twitter @genarolozano.
1 comentario:
Gracias Majo... creo que será poco a poco. Antes ni siquiera había blogs de este tipo. Gracias por leerme.
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